Caronte

septiembre 10, 2019

El tango es un sentimiento, una cultura, una forma de sentir, una forma de vivir. Sin embargo, el mundillo del tango no tiene necesariamente que ver con todo aquello, y es sobre todo un fenómeno estricta y rotundamente social. Mientras que algunos buscan el tango, muchos buscan una tribu. Aunque las dos cosas se pueden mezclar e integrar mutuamente, en general el aspecto social prima con creces, así como sus dinámicas, sus expectativas y sus vínculos. Una milonga es un corral repleto de jerarquías atávicas, un patio tendido de cientos de hilos sociales que sujetan y tensan las personas y el aire que circula entre ellas, un tablero de ajedrez con reinas y peones, una olla cargada con emociones y esperanzas. Es normal que por un lado se generen dinámicas tribales, y que al mismo tiempo alguien intente sacar provecho de ellas. Organizadores de eventos, bailarines, mercantes navegados o personajes de improvisada experiencia, el que puede sacar tajada lo hace, o por lo menos lo intenta. En este Gran Hermano hecho de redes sociales, de likes y de poses, una figura que destaca por su papel y su posición es el musicalizador, el que pincha, el que pone la música o, usando una etiqueta más sexy, el Tango-DJ. Musicalizar una milonga no es cosa difícil para quien conozca el tango, hay unas pocas reglas funcionales establecidas con el tiempo, y el resto es sentido común y sensatez. Desde luego habría que distinguir entre quienes lo hacen por placer o por misión tanguera, y quienes viven de ello, cobrando en plata. Los primeros se supone que tendrían que ser referentes culturales del tango, sabios que proponen y guían en los recorridos de sus laberintos. Los segundos, sin embargo, solo tienen que entretener el público, los clientes, por el dinero recibido con el fin de amenizarles la velada. Pero de hecho esta diferencia, por si misma borrosa, no existe en la realidad del día a día milonguero, que todo funde en el caldero del meollo tribal. El musicalizador es el maestro de ceremonia, y como tal es el gurú que guía a la tribu, el chamán que ilumina a los fieles, un papel demasiado gordo para dejarlo en las manos del criterio personal, y un elemento clave del marketing y de la jerarquía de una milonga.

Fue así que se generó un culto del musicalizador, una imagen, una iconografía fundamental a la hora de relacionarse con la tribu y con su mercado. El aspecto musical es lo de menos, y al fin y al cabo los demás DJ ponen todos las mismas cosas, porque el público siempre es el mismo, con los mismos criterios y las mismas necesidades. Los conocimientos musicales de muchos “clientes” son realmente básicos, y sencillamente quieren oír sonar los temas de siempre, los que bien conocen, los que le dan la ilusoria sensación de saber, y de controlar. Así que el musicalizador que lo quiere hacer comercialmente bien lo tiene muy fácil, y cobra cientos de euros para hacer un copia-y-pega que cualquier algoritmo con dos líneas de programación sería capaz de simular. Puede haber diferencias sutiles, que mejoran o empeoran la situación, pero en sutiles se quedan. Pero entonces, ¿por qué se pagan personas para reproducir secuencias musicales que son perfectamente previsibles y repetitivas? Al menos para dos razones.

Primero, la tribu necesita héroes, iconos, banderas, clérigos que perpetúen y defiendan el culto. La tribu necesita un centro de gravedad social, que aglutine y motive al rebaño. Segundo, porque, aunque el musicalizador con toda probabilidad te va a poner la música de siempre, pero te bendice el evento, lo cual se traduce en muchas más entradas vendidas, y muchos más participantes en la función. Es decir, la especialidad del musicalizador no es el conocimiento musical, sino el control social. Se alquila su nombre, y no sus dotes como sabio del disco. El profesional de la consola no siempre se ha tirado años en explorar las entrañas de un siglo de tango, sino en tejer una entramada red de personas y relaciones que garantice el éxito del festejo, por puro y duro poder de convocatoria. El Tango-DJ en realidad no es un profesional de la música, sino de la gente, es un experto relaciones públicas, un promotor. Con todas las ventajas y las desventajas que esto conlleva.

Como es de esperar, las ventajas están clara si el objetivo es vender entradas o aumentar el triunfo del clan. Las desventajas las sufres si buscabas el tango, y un mentor que te pudiera guiar en sus vísceras. Pero así están las cosas, y es mejor presentarse en la milonga con una moneda bajo la lengua, porque este barquero tiene ojos de brasa, y los demás ya han pagado sus óbolos, cruzando sus aguas. No queda otra que dejar ahí tus esperanzas y disfrutar de la velada, de la compañía, de la danza nostálgica y maligna, placer de los dioses, baile perverso, rito y religión, hasta volver a ver, sin demasiada prisa, la luz de las estrellas.

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Horacio, el peregrino

junio 25, 2019

Cráneos y violines

abril 19, 2019

Desde Stradivari, el grosor de la madera de los violines recibe una medición meticulosa, y los lutieres se dedican cuidadosamente a medir esta variable, por lo visto tan fundamental para la calidad del sonido de los instrumentos. Pero claro, un violín tiene una arquitectura compleja y es muy delicado, con lo cual a veces no es fácil llegar a posicionar los calibres tradicionales en sus entrañas. Una solución es el calibre Hacklinger, formado por dos imanes que miden la distancia en función del campo magnético entre ellos. El primer imán va al equipo de medición, el segundo es una bolita fácil de deslizar dentro de la caja armónica. En fin, un objeto delicado con arquitectura compleja, una caja cerrada con pocas aberturas: el calibre Hacklinger es un buen invento para los lutieres, y … para los antropólogos también! El grosor de los huesos del cráneo es una variable que se ha estudiado mucho en antropología, por sus variaciones entre individuos o grupos geográficos, a lo largo de la evolución o del crecimiento. Se sabe que depende de muchos factores cómo las hormonas, la actividad física o la alimentación. Hoy en día se usa la tomografía computarizada para este tipo de estudios y el nivel de precisión y de capacidad de análisis es increíble. Pero una tomografía cuesta cientos de euros, sin contar seguros y logística necesarios cuando desplazas un ejemplar o una muestra desde un museo hasta un hospital. Así que no siempre se puede ir por este camino, si tienes muchos individuos (colecciones de museos o muestras arqueológicas) o si, sencillamente, no hay dinero para ello. Pues hemos aprendido de los lutieres, y hemos utilizado un calibre Hacklinger para medir el grosor del cráneo en una población de un osario medioeval. Resultado: ¡funciona! Más cruces inesperados entre música y antropología … Al fin y al cabo, la cabeza humana es un instrumento musical, una caja de resonancia muy rara donde la cuerdas, llamadas neuronas, están por dentro, y resuenan produciendo una vibración que llamamos pensamiento. Y el resultado es una melodía única, a veces inquieta y caprichosa, que en los casos más virtuosos lo tiene muy claro: pase lo que pase, no repite.

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Cuarenta dedos

abril 10, 2019

Confieso que me encanta el virtuosismo, la técnica al servicio del arte, velocidad y complejidad al servicio de la emoción … Pero me quedo más fascinado aún cuando una idea es tan buena que no lo necesita. Y cuando hay cuatro guitarras a la vez. Y cuando suena acústico. Y cuando el final te deja extasiado y complacido … Disfrutad de estos cuarenta dedos …

[40 Fingers]

Tiempo al tiempo

marzo 6, 2019

Contar y calcular representan unas de las claves cognitivas de nuestra especie y, como es de esperar, una cantidad inmensa de estudios en neurociencia y en antropología se han dedicados a nuestras capacidades numéricas. Entre las muchas características de interés de nuestras habilidades a la hora de manejar números está la subitización (la capacidad de reconocer a primera vista pequeñas cantidades sin tener que contarlas), la apreciación de la magnitud (la capacidad de estimar y comparar de forma aproximada grandes cantidades) y la ordinalidad (la capacidad de ordenar una secuencia de cantidades). La subitización es importante a nivel evolutivo porque se supone que pueda ser un precursor del saber contar. En general podemos reconocer, sin tener que contar, grupos de un máximo de cinco elementos, mucho mejor si son de cuatro o de tres. Cinco es nuestro número básico y tiene sus profundas raíces en nuestra anatomía, porque nuestra principal interfaz con el mundo es la mano, y la mano tiene cinco dedos. No acaso, muchos sistemas métricos son múltiplos de diez, porque tenemos dos manos de cinco dedos cada una. Es decir, hasta diez contamos con el cuerpo, utilizando el cuerpo como ábaco. De todas formas, lo dicho, si es menos de cinco no es necesario contar, sobre todo si hablamos de grupos de dos, tres, y cuatro elementos. A lo mejor no es casualidad que los demás géneros musicales tengan ritmos en dos, tres, o cuatro tiempos, y luego sus múltiplos. Cuando hay dos, tres o cuatro tiempos, el cuerpo tiene la cuenta sin necesidad de contar. Y nos asombramos cuando luego escuchamos aquellos ritmos folclóricos y temas musicales que se mueven con una base por ejemplo de siete, once o trece tiempos. Es posible que cuerpos y cerebros bien entrenados puedan pasar de los vínculos innatos de nuestra mente, explorando bloques numéricos tan largos y «subitizando» un número tan elevado de acentos. Pero la verdad es que suele haber un atajo: dividir los tiempos largos e irregulares en bloques cortos y formados por cantidades más afines a nuestros estándares neurológicos y anatómicos. Así que por ejemplo un tiempo en cinco se puede pensar como hecho de dos partes, una de tres y una de dos. Un tiempo en siete se puede sentir como formado por tres partes, una de tres y dos de dos, o por dos partes, una de cuatro y una de tres. El cuerpo busca y encuentra su medida, se incorpora en la estructura musical, y goza de cada compás regulando y enmarcando la cadencia de los acentos dentro de sus esquemas naturales. Y, descomponiendo ritmos en unidades siempre más pequeñas, al final se llega a la unidad. Porque para que la magia de la música fluya hasta las entrañas, haciendo vibrar músculos y huesos e integrando mente y alma en una única emoción, hay que reducir todos aquellos movimientos al ritmo más regular que el cuerpo conoce: el latido del corazón. Con sus tiempos y contratiempos es un ritmo curioso porque es unitario pero nunca se repite, y marca el ritmo de la obra más larga que llegaremos nunca a escuchar, una balada, a veces terrible a veces gloriosa, que tendrá una sola ejecución, y que es la sinfonía de nuestra propia vida.

Érase una vez en América

febrero 25, 2019

Como todos los emigrantes, los europeos zarparon hacía el Norte de América llevando consigo recuerdos, esperanzas, e instrumentos musicales. Irlandeses y escoceses sembraron su folclore en la Carolina del Norte (scoth-irish folk), los franceses en Luisiana (cajun), y la cultura hispana se desarrolló en Tejas (tex-mex). Trescientos años de historias, de mezclas, de viajes y de destierros, de logros y de sufrimientos, con los Apalaches recibiendo a los barcos cargados de sueños y tradiciones. Mariano de Simone nos ha contado todo esto a lo largo de toda su vida. Se ha dedicado a la investigación de las raíces musicales de los europeos en Estados Unidos, a los aspectos culturales e instrumentales, a los trasfondos históricos y sociales. El banjo, en primer lugar, su banjo, pero también la guitarra, el violín, el salterio o el autoarpa. Descubriendo, tocando, enseñando, compartiendo. Las escuelas de música popular de Roma, el Folkstudio. Unos cuantos discos y una decena de libros, las revistas de música, películas. Y los bailes de grupo, los bailes de la tradición norteamericana, que enseñaba a la gente en los círculos sociales, sentado en su silla de ruedas. Adelante Mariano, ya no hay silla ni muletas, solo quedan las notas y los acordes, las danzas y los momentos, y una historia más, la de un hombre que, con su banjo y sus canciones, ahora puede disfrutar de aquel camino, ahí por el canal del Erie.

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Harold Bradley y Mariano de Simone, 2008

Ukelian Rhapsody

enero 25, 2019

Impresionante …