Tener madera

noviembre 29, 2010

La música está íntimamente asociada a la madera. Percusiones, vientos, cuerdas, tienen sus raíces en las raíces. La madera como recurso técnico, pero también como interfaz entre un ser humano en busca de placer acústico y su entorno natural. El lutier (o luthier) en este sentido es un sacerdote, un chamán, el sabio que sabe transformar la madera en sonido. Ángel Sampedro del Río transforma madera desde veinticinco años, mezclando el folclore suramericano con influencias ajenas antiguas y modernas. Y con la Asociación Argentina de Luthiers cuenta las historias de estas culturas a través de sus instrumentos. En éste caso nos lo cuenta directamente, en viva voz digital.

¿Como definirías el trabajo del luthier, su papel, sus responsabilidades, sus peculiaridades?

El luthier es el constructor de herramientas con que trabaja el artista, que es el músico. Discutiríamos luego si la luthería es un arte, una técnica, o una combinación de ambas. Dos vías son indispensables en su labor, que conviven y se alimentan mutuamente: la creatividad, que lleva a hacer instrumentos nuevos y mejores, y la opinión del músico. La mayoría de las veces, el luthier crea su instrumento, y el músico es quien lo evalúa y aprovecha sus avances. A veces, el músico te plantea una necesidad, y es el luthier quien en base a su experiencia y dominio de los materiales y técnicas, trata de plasmar la misma en un instrumento. La crítica del músico resulta indispensable para el desarrollo de la luthería. Esa crítica debe ser interpretada y traducida al lenguaje de la técnica constructiva y plasmada en un resultado nuevo. Muchas veces el músico sabe lo que quiere, pero no puede expresarlos en términos técnicos, o no conoce los alcances y limitaciones reales de un instrumento. Ahí está el luthier, para interpretar y acercar lo más posible al ideal.

¿Como ha cambiado este papel en los últimos años, con la era digital, los comercios multinacionales, y las integraciones multiculturales?

La Internet nos dio acceso a un cúmulo de información, y con ello nos alejó de ese anticuado concepto de que la luthería es un oficio mágico, que está por desaparecer, y que reúne secretos propios de una logia. La Asociación Argentina de Luthiers trabajó desde el principio en esa desmitificación. Es importante destacar que cada instrumento de autor es único, y que cada músico es único. Esto diferencia a la luthería de autor de la construcción de instrumentos masiva, en serie. En general, las fábricas toman un resultado que estadísticamente resulte bien, y lo imponen por medio del marketing – por ejemplo, mostrando músicos famosos que usan la marca. Se crea una ilusión, al igual que el resto de los productos del mercado, que uno puede llegar a ser como su ídolo a partir de consumir la misma marca. La realidad muestra que lo realmente creativo y exitoso es desarrollar las propias potencialidades, no imitar las ya desarrolladas por otros. Estas pueden servir de guía, generar incentivos, pero no ser el objetivo final de un músico. Por ejemplo, yo me maravillo del sonido y ejecución de Uña Ramos, pero ya no me asombraré de otro músico que toque “igual que el Uña”. Tal vez, a veces sí pueden estos ser objetivos parciales, en una tarea de aprendizaje hacia el lenguaje propio. El oficio de luthier se desarrolla por interacciones: con músicos y con otros Luthiers. Otra vez, no es ideal tratar de imitar los desarrollos de los colegas, ya que no pasarás de eso, la imitación. Sí, como decía antes, el estudiar el camino recorrido y los avances logrados por otros pueden nutrir el oficio. Y siempre habrá una diferencia entre lo hecho a mano y lo hecho en serie. No significa esto negar los avances de la industria moderna y sus procesos. Acá se plantea un límite, que es que la potencialidad de la industria normalmente se orienta a elaborar productos al menor costo posible, tratando de mantener el nivel de conformidad del cliente. La publicidad manipula ese límite de conformidad. Existen también marcas serias, cuyo estándar está muy por arriba, como también sus precios, por supuesto. El trabajo de luthier no es garantía de calidad; como en todo, los hay más o menos responsables y comprometidos con su trabajo. No hay nada que el hombre no pueda hacer peor y más barato. Pero sin dudas, el nicho de mercado que le corresponde al constructor artesanal es el de excelencia, ya que en los otros, en general, pierde por goleada contra la producción masiva. Así, ¿Qué industria te va a producir tal flauta en tal escala a pedido, o tal bajo con tal distribución de peso? El luthier es, aprovechando el neologismo, un “customizador”, un productor casi personalizado. La reparación, la restauración, y en algunos casos la mejora de instrumentos son también tareas propias de Luthiers. En este punto, se pretende que el artesano comprenda todo el proceso de funcionamiento del instrumento, no que se limite a tapar una rajadura, enzapatillar una flauta o calibrar una eléctrica. Si bien estas son tareas usuales, siempre las realizará mejor quien mejor conozca el instrumento en su totalidad.

¿Cuales los principales objetivos de la  Asociación Argentina de Luthiers, y cuales los métodos para alcanzarlos?

Distinguir entre el instrumento de autor y el instrumento de fábrica, y así concientizar al músico acerca de las ventajas de calidad de un instrumento de luthería. El instrumento de autor no será más barato, sino será de más calidad y más adecuado al usuario.  La Asociación realiza una exposición al año, Luthería en Buenos Aires, de la cual participan exponiendo y vendiendo la mayoría de sus miembros activos. La Asociación, única en su tipo por lo que sabemos, reúne constructores y reparadores de instrumentos de todas las áreas. Esto hace atender muy distintas cuestiones y pormenores. Por ejemplo, en instrumentos como los que yo construyo, lo normal es el instrumento artesanal, y ahí el tema es trabajar por la calidad contra la chapucería – y a veces, contra las factorías manuales de bajo nivel y mano de obra semi esclava. En las guitarras y bajos eléctricos, la cuestión es diferenciarse de la producción industrial masiva. En instrumentos como los bronces, u otros en los que no hay constructores artesanales en Argentina, el trabajo se centra más en la reparación y el mantenimiento. A través de la acción, se ha logrado cumplir el objetivo de difundir la luthería en Argentina, y se sigue trabajando en eso.  Pero el objetivo central es el primero, el de hacer conocer la calidad diferencial de nuestro arte. Es una tarea permanente, tanto en los músicos jóvenes como en los experimentados. Es de notar también que varios Luthiers de la Asociación destinan una parte importante de su producción al exterior, dónde existe un nicho más desarrollado para instrumentos de alta gama.

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Ángel Sampedro trabaja sobre todo en instrumentos de viento, asì como otros trabajan en instrumentos distintos (entre los muchos Daniel Fernández y Mariano Maese, bajos y guitarras eléctricas; Julio Malarino y Esteban González, guitarras clásicas; Jorge Espinosa, charangos; Froilán González, bombos; Leopoldo Pérez Robledo, teclados antiguos). Ángel, chamán de la madera, es también padre de mis quenas … Os aconsejo un vistazo a su “taller digital”, para darse cuenta de cómo un ser humano pueda convencer a un árbol en seguir sus esquemas y sus necesidades …

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Pocascuerdas

noviembre 17, 2010

… y en general menos de setenta centímetros de longitud. Aunque haya seis tamaños, y el más grande se nota. Pero sobre todo pocas cuerdas. Desde el formato piccolo hasta el formato contrabajo siempre la balalaika tiene muy pocas: solo tres. Y como que sobran, encima dos de ellas se afinan con la misma nota. Vaya! Y como su origen se pierde a finales del siglo diecisiete, ya nadie se acuerda el porqué de su anómala y antiergonómica forma triangular … Que si la santa trinidad, que si la forma de un barco, que si un corte de calabaza, lo único que tienen en común éstas hipótesis es que no cuelan. Raíces asiáticas (domra), viaja con los Mongoles, llega a Ucrania, y la Madre Rusia la elige como instrumento de los juglares y de los sin respeto, hasta llevarse un pelín mal con el entorno religioso. Luego el Soviet, para su alma humilde y campesina, apoya soberanamente su reconocimiento en el folclore ruso. Postales, ballets, y orquestas, y sólo tres cuerdas. Pues si sólo hay tres cuerdas, hay que aprovecharlas bien – o hasta mejor,  afinando dos en la misma nota. Igual el vodka puede que ayude a sacarle ánimo, pero si para tocar trececuerdas la alegría es un lujo del merecido final, aquí en cambio parece que tocar sólo tres permite de disfrutar cada corchea gozando finamente de cada sus dieciseisavos. Pocascuerdas, pero muy, muy bien aprovechadas …

Tres por patio

noviembre 15, 2010

Lidia Borda, Brian Chambouleyron, Esteban Morgado: un trío de tango. Angel Derman, Fefe Botti, Rene Jacobson: un trío de tango. Los primeros un tango muy melódico, donde los detalles armónicos de los instrumentos cuentan, y el cuento del tango lo lleva una voz. Los segundos un tango muy melódico, donde los detalles armónicos de los instrumentos cuentan, y el cuento del tango lo lleva una flauta. En ambos casos una combinación instrumental muy sencilla, avalorada por un nivel de experiencia y profesionalidad musical indudable, limpio, evidentemente completo. Combinaciones instrumentales técnicamente perfectas, que dejan todo el espacio necesario a las emociones y a las pasiones que hay detrás del tango. Tangos pero también (y mucho) milongas, con voz y flautas que bien pueden seguir sus ritmos acelerados y alegremente nerviosos. Dos tríos, mucho tango. Patios y rincones de un tango diferente, actual, sobre todo completo, con una componente instrumental increíble. Sí, sobre todo es esto, la  componente instrumental. Se nota la presencia de otras influencias y estilos musicales, pero sobre todo se nota el control de los instrumentos, se nota cultura musical, que permite entrar adentro, viajar en un pentagrama, sin dejar afuera el tango mismo, sino contándolo a través de sus combinaciones y posibilidades armónicas y melódicas. Quizás el verdadero tango “nuevo” sea esto …

Étnica en Evolución

noviembre 7, 2010

En el contexto quizás tal vez un poco viciado de la ciencia como entretenimiento, el Museo de la Evolución Humana de Burgos nos ha dejado disfrutar de una serie de conciertos de increíble calidad sobre música étnica. Bueno, encuentros más que conciertos, porque las actuaciones se alternaban con explicaciones y cuentos sobre los instrumentos y sus culturas. Ha empezado Jaime Muñoz, con un recorrido histórico y geográfico sobre las flautas, mezclando sonoridades orientales y europeas, antiguas y modernas, desde las más sencillas de simple hueso o caña hasta sus evoluciones increíblemente paralelas en todas las culturas humanas (confieso decepción quenantrópica cuando al final del viaje la única que evidentemente faltaba  era  la cultura andina y suramericana …). Luego, Luis Delgado, del Museo de Urueña, con decenas y decenas de instrumentos de todo tipo y origen, sus historias, sus magias, sus encantos acústicos y románticos … Aquí la componente de divulgación musical ha sido realmente admirable, fundamental, un viaje en los recursos musicales de poblaciones humanas tan lejanas como parecidas al momento de buscar placer en los sonidos, aunque sea con formas e ingenios diferentes. El último encuentro, con Serguei Sapricheff, ha abierto las puertas al mundo de las percusiones. África y  Mediterráneo, la cultura europea y el oriente medio, hasta llegar a la hipnosis de la música clásica hindú. Otra vez, lo que choca es el asombroso nivel de paralelismos culturales, a pesar de geografía, recursos naturales y materiales, y recorrido histórico. Un cierre inesperado, pasando de instrumentos milenarios a las posibilidades percusivas ilimitadas de las herramientas electrónicas (que aparte de ofrecer alternativas pioneras y ser espectáculo inolvidable para los niños, imagino sea también recurso económico primario para un percusionista moderno …). Pues, parece que la música étnica empieza a ser una opción rentable y atractiva para un publico que ya no está formado sólo por músicos exploradores e inquietos, un público mucho más heterogéneo, y quiero esperar mucho más disponible a descubrir el valor de la diversidad.

Trececuerdas

noviembre 2, 2010

… y un metro ochenta de longitud. Trece cuerdas en general, pero antiguamente solo cinco, luego siete, y ahora a menudo diecisiete, o hasta veinticinco. “Koto” solo quería decir “instrumento de cuerda”, pero ahora ya se refiere a uno de ellos en particular, o sea a “el” Koto, instrumento nacional de Japón. Un origen chino y milenario (guzheng), para cantar gestas románticas y ceremonias. El arpa japonesa, dos aberturas, trece cuerdas, y ciento ochenta centímetros. El árbol de la Paulonia pone su madera, y forma su cuerpo de dragón: cabeza, cuernos, cuerpo, y patas. Desde instrumento sagrado a la música de cámara y al jazz, la mano derecha con uñas de marfil para tocar ritmos y melodias, mientras que la mano izquierda completa el conjunto armónico, mueve los puentecillos, y cambia la tensión de las cuerdas modificando continuamente la afinación. Tocar, afinar, y acaso cantar. A la vez. La ejecución requiere una atención y una concentración digna de un contable, que le permite soltar un sonrisa sólo después que las cuentas cuadren. Y aquí lo mas increíble: trece cuerdas, ciento ochenta centímetros, una mano que pica mientras la otra cambia la afinación con movimientos tan rápidos cuanto sutiles, y los grandes innovadores del Koto, así como muchos de sus ejecutores históricos … eran ciegos.