Tocahuesos

diciembre 30, 2010

Hay quien el ritmo lo tiene en la sangre, y quien en los huesos. Y como del cerdo no se tira nada, una vez que las costillas ya no dan placer al gusto pueden de todas formas agradar el oído. El fenómeno parece hoy en día ser sobre todo USA style, puro gringo, pero evidentemente tiene raíces que llegan hasta el origen mismísimo de la percusión. Tradicionalmente relacionados con la inmigración europea en América (y potencial competencia feroz para las castañuelas, digo yo), aunque se puedan cambiar por palitos de madera o comunes cucharillas, costillas y huesos tienen evidentemente un atractivo morboso en el momento de acompañar un tema folclórico. Será la sencillez de la materia prima, o atávicos impulsos que celebran el canto de la muerte, pero el intento se merece una nota, tanto artística como etnológica. Ya sabemos, hay gente pa’ todo, y para tocar los huesos nada mejor que la América profunda.

Así que nada, aprovechar de la comida navideña, y con lo que sobra de cordero y cochinillo a darle caña a las castañuelas anatómicas en boleros y sevillanas!

Feliz 2011, quenantropófilos!

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Jam!

diciembre 10, 2010

En un mundo masificado y masificador como el nuestro “actividad de interés cultural” quiere decir “actividad rentable y de evidente provecho económico”. Se puede hacer una excepción para ciertas actividades donde a corto plazo no se gana pasta pero sí se pueden ganar electores, y la pasta entonces se saca luego. “Actividades de interés cultural” son el fútbol y sus pantallas, los grandes hermanos, el cotilleo organizado, o la tradicional carnaza masculina y femenina siempre buenas para “dar cuerpo” a un escenario o a una de las muchas obras de neorealismo suburbano. Pasta y votos se sacan de la multitud. Desgraciadamente, hay una muy bien conocida relación inversa entre cantidad y calidad: cuantos más, cuanto peor. Así que, a nivel de administración y gestión institucional, a menudo si una manifestación artística es sincera, espontanea, y emocional, si es algo que tiene matices de real valor histórico o social, si necesita una componente de pensamiento o de instrucción, o si ayuda a pensar, instruir, formar, o informar, pues entonces tiene cierta probabilidad de no caber dentro del cajón de las “actividades de interés cultural”. La cultura se supone estar “más allá” del nivel común, porque para tirar adelante hay que estar adelante, invitando a seguir un camino. En cambio, la economía se funda sobre lo ya conocido, la gente compra lo que ya conoce o lo que piensa conocer, lo que ya se espera, lo que ya entiende, o hasta mejor lo que no necesita ser entendido. El resultado no tiene misterio, y la ecuación funesta lleva a soluciones descerebrantes. Bueno, no pasa nada, para los otros, tranquilos, hay rentabilidad a todos los niveles, vosotros llevad los instrumentos, partituras y espíritu de improvisación, y adelante …  “nos vemos en los bares”!

 

Otrotango

diciembre 4, 2010

Creo que raramente se puede encontrar como en el tango una disociación tan llamativa entre un estilo musical y su mismo baile. Quizás sea por su fuerte carácter en ambas partes, que de alguna forma aísla músicos y bailarines a través de necesidades diferentes, vínculos diferentes, y  hasta lenguajes diferentes. Ya se sabe, quien toca no baila, en general. Y porqué? El tango-música evoluciona bastante rápido, aunque sus instrumentistas puedan ser tal vez un pelín elitistas. Por lo menos es suficientemente abierto al experimento, en busca de caminos de expresión. El tango-baile evoluciona más lento, largos periodos estáticos, resistencia y sobre todo desconfianza hacia el cambio, anclado al pasado y sobre todo siempre nostálgico de aquél pasado. En la música éste pasado es orgullo de las fuertes raíces para seguir adelante, en el baile es constante referencia para poder volver atrás, aunque sea solo con el recuerdo. Con todas las excepciones, sobre todo a ciertos niveles profesionales. Seguro hay una componente generacional: muchos músicos son jóvenes, mientras que en las milongas populares la pirámide demográfica tiene evidentemente otra estructura. Hay también una componente diferente de preparación profesional: el nivel para subir al escenario se alcanza solo a través de un largo y difícil recorrido de estudio, mientras que para bailar en una milonga es suficiente una inversión mínima. Esto genera una separación cultural muy fuerte entre pocos profesionales que dedican al tango su vida (sobre todo músicos, de carrera) y una multitud inmensa de apasionados admiradores que solo piden pasar un buen rato (sobre todo bailarines, aficionados). Por supuesto, siendo los primeros muchos menos que los segundos, y siendo los segundos los que pagan a los primeros, el proceso de evolución del tango evidentemente sufre una esquizofrenia entre esperanza (artística) por el nuevo y necesidad (comercial) hacia el viejo. Las palabras del tango dicen mucho sobre esta confusión histórica entre orgullo del pasado y reticencia hacia el futuro: la “guardia nueva” es algo que se desarrolló entre el 1920 y el 1940, la máxima anomalía fue Piazzolla en los sesenta, y lo que se llama “tango nuevo” seria el tango con instrumentos electrónicos introducidos en los años ochenta del siglo pasado! Vaya ambiente anacrónico … De hecho, las musicalizaciones en las milongas siguen patrones bastante estables desde sus principios, los temas “fuera de esquema” hay que presentarlos con cuidado y a gotas, y los muchos y continuos debates sobre la necesidad de apoyar el tango “nuevo” para espabilar un poco el ambiente y “quitar caspa” acaban a menudo solo con una tímida tanda arrinconada al final de la milonga, justo antes de cumplir con el ceremonial atávico de la Cumparsita final. Está claro que las alternativas las hay, desde las más sensatas hasta las más provocadoras e inútilmente extremas. Pero el tema de la multitud pagadora que transforma arte en entretenimiento queda ahí, caracterizando el tango en un sentido o, en un futuro quizás rentable, en otros más interesantes para un recorrido de evolución artística más actual.

 

Ciao Mario!

diciembre 2, 2010

La esperanza es un engaño inventado por el poder.

 

Mario Monicelli

(Viareggio, 16 de mayo de 1915 – Roma, 29 de noviembre de 2010)