La última copa

junio 20, 2011

Ultima de treinta y nueve. Trece filas de tres cada. La disposición parece recordar los órganos de una iglesia, su geometría hipnótica de cañas y círculos. Pero todo cabe en una mesa, aunque seguro que no es instrumento de bolsillo. Tampoco es instrumento de funda, so pena sea una funda muy particular. Vamos, nada fácil de llevarse en una mochila, o de viaje, o tampoco a una tasca … Tan solo desplazar todo unos pocos metros si hace falta para cumplir con acústica o logística de una sala de ensayo, puede sonar un pelín agobiante. Es un caso raro en el cual las copas mejor no utilizarlas para animar una noche de juerga … Pero a pesar de todo esto, vaya, el esfuerzo parece que compensa, no cabe duda. Velocidad y precisión de una mano firme y de una mente entrenada se transforman en vibraciones ordenadas y limpias, estructuras y combinaciones de ondas que llenan el espacio integralmente, llegando a cada rincón con un patrón acústico que recuerda la organización geometricaménte perfecta de los retículos cristalinos. Y mientras el oído se queda adicto con la pureza del sonido, el baile mágico de las manos conquista la mirada, dirigiendo su propia orquesta. Siempre se dice que con unas copas se toca mejor, pero en este caso se necesitan evidentemente muchas, muchas más.

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Una respuesta to “La última copa”

  1. sole Says:

    Sín palabras….impresionante…pone la piel de gallina…..gracias


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