Musicalizar una milonga es tema delicado. Tienes que decidir la secuencia de temas que irá moldeando la pasión (o el malhumor) de quien baila aquella noche. Y no todos vienen a bailar por la misma razón. Hay quien busca poesía, quien busca desahogo, quien busca pasar el rato, quien busca pasiones y quien busca rencores, quien busca el pasado, el presente, o el futuro, quien busca la memoria y quien el olvido, y quien solo busca un amigo, o una pareja. Quien musicaliza una milonga se enfrenta a una multitud relativamente heterogénea, a sus diferentes esperanzas y expectaciones, a sus diferentes necesidades y a sus diferentes posibilidades. Quien musicaliza una milonga recogerá el merito y la critica de la sala, en función de factores que van a menudo más allá de sus solas capacidades musicales. Por un lado la multitud, inquieta, pasional, cruel, quizás a veces sin criterio cierto pero sí con las ideas bien claras, y con todo el derecho de defenderlas. Por el otro el director del baile, artista o chivo expiatorio, en función de donde tira el viento. Y a éste otro lado hay quien musicaliza por si mismo, triunfo escénico de una sabiduría autoreferente y del placer egocéntrico del control de las marionetas. Luego hay quien musicaliza por los otros, resultado de una humildad sincera y productiva, del placer de complacer, o a veces solamente de una lícita prostitución artística en busca de clientes o de un trabajo, disfrazada por profesionalidad y nobleza de oficio. Y por supuesto hay quien musicaliza por el tango mismo, por defender el tango, promocionar el tango, apoyar el tango, contar el tango. O por lo menos esto cree, a veces con mucho acierto, a veces con menos. Entre las muchas dinámicas sociales que están detrás de éste sistema tan complejo como primario, merece la pena mencionar una probablemente relevante: la relación entre el “carácter” de una musicalizacion y su éxito. Cuanto más una selección será “convencional”, cuanto menos despertará los corazones pero a la vez cuanto menos será criticada. O sea, una selección un poco sosa no anima, pero no molesta. En cambio, si la selección se desarrolla con un carácter muy fuerte y decisiones particulares, aumentarán a la vez los que se apasionan pero también los que discrepan. Ahí quizás está la mano fina: elegir un punto cómodo entre un sereno aburrimiento y una contrastante pasión …

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Setenta

julio 12, 2011

Last night I dreamed that I was a child, out where the pines grow wild and tall. I was trying to make it home through the forest, before the darkness falls.

I awoke and I imagined the hard things that pulled us apart will never again, sir, tear us from each other’s hearts. I got dressed, and to that house I did ride from out on the road, I could see its windows shining in light.

My father’s house shines hard and bright. It stands like a beacon calling me in the night. Calling and calling, so cold and alone, shining `cross this dark highway where our sins lie unatoned.

B. Springsteen