La otra cara del espejo

marzo 22, 2012

Bailar quiere decir, antes de todo, escuchar. Pero a veces solo se oye, sin más. Parece increíble, pero a pesar de la emoción que un tango puede entregar en una sala, a veces la barrera entre quien baila y la música puede ser total. Dejando de lado los casos que ni siquiera oyen ritmo o melodía, pero también los muchos que se abandonan a las notas lo hacen a menudo de forma tan espontanea que sencillamente no necesitan enterarse. Y a pesar de que el tango vive rotundamente de la elaboración continua y constante de temas que dentro de pocas décadas empezarán a cumplir un siglo, parece que el sentimiento de baile no necesita  informaciones sobre mensajes, contenidos, e historia, de aquellas músicas. En las milongas, sobre todo a nivel de aficionados, hay muchos que bailan por años los mismos temas, decenas y decenas de veces, totalmente ignorando el titulo, el autor, o hasta las letras de aquella melodías. Sería para contar, pero creo que los “muchos” sean realmente muchísimos. Sencillamente, no necesitan el contenido, el recorrido, sino solo la secuencia melódica y armónica. La mente no busca razones, y la memoria no fija los detalles. Se reconoce el tema, bailado tantas veces, y amado, y vivido, y sufrido, pero sin saber necesariamente su titulo o su mensaje. Por un lado es una clara evidencia del poder emocional del tango, que entra en los huesos sin pasar por el cerebro. Pero al mismo tiempo, con todo el entorno cultural del tango, su historia, su arte, y su poesía, puede sonar a lastima, ocasión perdida, disfrute de su piel, sin entrar en el latido de su corazón.

Hoy en día la música en una milonga se forja gracias a la versatilidad de los programas de gestión de archivos musicales, y las redes de intercambio de información, a pesar de las dificultades encontradas en las incompatibilidades entre cultura y economía, han ampliado posibilidades y potencialidades de la comunicación musical. A menudo en las milongas se utilizan pantallas para musicalizar, utilizando listas de reproducción o hasta proyectando vídeos. Quizás éste cambio de herramientas, que a la música añade una componente visual, puede ser una posibilidad de relajar un poco la barrera entre música y baile, utilizando las pantallas, grandes y pequeñas, para proporcionar las informaciones sobre los temas que se bailan. Un titulo, un autor, quizás una fecha, lo suficiente para empezar a saber, y para encontrar la forma de querer saber más. El tango no es una música bonita, sino una historia, una cultura, una forma de vida, una perspectiva. Bien te puede emocionar solo con sus suspiros, pero mucho más puede con su alma.

2 comentarios to “La otra cara del espejo”

  1. mediatango Says:

    Clara Rimoldi, una milonguera bonaerense,me contaba que cuando baila hace que la música se derrita dentro de ella porque los tangos forman parte de su historia y es que en su niñez los escuchaba mientras jugaba en el patio de su casa, donde todo el día los hacía sonar su viejo.

    Y esa es la gran diferencia en general entre los bailarines de tango porteños y del resto del mundo. La música de tango forma parte de su piel , es un fijo tengan más o menos destreza bailando. Entienden qué es bailar tango.

    Y sí, bailar tango es diferente a bailar cualquier otra cosa. Y solo hay dos maneras de bailarlo, bien o mal. Bailar tango si lo haces bien es tan simple y tan complejo que te permite producir un universo energético a través de la conexión con otra persona y a través de la música. Un universo cuyos límites que son las espaldas de los bailarines y que se hace infinito hacia el interior que es el lugar lugar donde vive la música. Y ese es el gran secreto, que la música habite dentro del abrazo.

    Desgraciadamente el gran problema para avanzar bailando tango por aquí es que el foco se suele poner más en la parte coreográfica y gimnástica que en la musical. La música acaba siendo un elemento casi secundario. Aunque se niegue.

    Desde siempre he mantenido que la incorporación y el conocimiento profundo de la música es un imprescindible para mejorar bailando tango. En este sentido, saber con qué orquesta estás bailando ubicarla en el tiempo, entender por qué y cómo se tocaba te añade un plus sorprendente a la hora de bailar. El otro día mientras poníamos la música en una milonga en Valladolid, en un rincón y de forma discreta pero visible al paso, íbamos colocando unos carteles que indicaban la orquesta y el cantor de la tanda que sonaba (gracias Ana Belén). El resultado fue muy satisfactorio, está claro que cualquier buen elemento que se añada adecuadamente, proporciona al conjunto de la milonga más energía, densidad y consistencia. Hay que extender esta propuesta.
    Pero también es contraproducente que esa información se exceda en protagonismo. Hay que calibrar con cuidado las posibilidades que nos ofrece la tecnología. Es muy fácil que se acaben convirtiendo en un ingrediente perturbador.

    Fernando Mediavilla

  2. Javier Juárez Says:

    Solo una cosa … el tango nos baila, a los bailarines y tambien al espacio. Las notas, melodía y ritmo es una interpretación libre, por lo que jamás una pareja bailará el mismo tango … aunque lo coreografiase, siempre será diferente.
    Y algo más: no hay cuerpo aparte de música ni gimnasia; hay sensación en cuerpos con destreza – sean caminadas rítmicas, o complejas y sencillas figuras; tampoco hay edades cuando se comprende este sentir; como dicen los gitanos o bailas o te cáes … y se puede bailar sin moverse apenas del lugar, pero este es otro tema.


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