La mala cara del espejo

abril 12, 2012

En su increíble “1984George Orwell describe cómo, para controlar a las personas, sus emociones, y sus pensamientos, en cada casa y cada piso y cada cuarto habían instalado una “pantalla”, que continuamente transmitía dogmas y principios necesarios para desarrollar y garantizar la doctrina del partido y del gobierno, reprimiendo la autonomía de la razón lógica, y limitando cualquier forma de independencia cultural. Probablemente hace más de medio siglo Orwell sabía que, antes o después, la historia acercaría la realidad a su trágica previsión. Lo que igual no podía saber es que, para realizar  ésta lobotomía masiva, se iba a utilizar el fútbol. Sin considerar casas y lugares particulares, casi no existe un bar, un restaurante, o un espacio publico, sin pantalla. Ya se empiezan a ver en las calles, a la caza de peatones y fumadores. Muchos locales tienen dos o tres, para impedir que te puedas sentar en un lugar al reparo del rayo. La gente cena o toma un vino quizás charlando, pero con las vertebras cervicales dobladas y el cuello torcido hacia el dispensador de metadona social: el fútbol. Si en la pantalla no hay fútbol, es porque está a punto de comenzar un partido. Pan y circo, desde siempre. Y si hay poco pan, más circo. Bueno pero esto no quiere ser un “offtopic” de denuncia social, y entonces vamos a lo que vamos: música y tango.

Hay veces que las milongas se tienen en los locales mientras que la Gran Pantalla sigue su lavado cerebral. Las parejas exploran los rincones de la sala arrastrando sus pasiones con ojos cerrados y corazones sangrientos, mientras que encima de sus cabezas sudor y penaltis deforman las caras agresivas y los cuerpos tendidos. Bailarines y futbolistas, salón de baile y campo de juego, pasiones y emociones ambas fuertes pero muy diferentes. E incompatibles. Sí porque, las cosas como son, el circo del fútbol no es exactamente el mejor adorno para colorear la pasión de un tango. La melancólica dulzura de las letras chocan con el labial enblasfemado del capitán a brazo tendido y rodilla sangrienta. Sin contar quien acaba bailando con el cuello torcido y el alma en pena por la pelota, o unos cuantos que se amontonan al lado de la pista para participar a la sagrada ceremonia deportiva, trayendo físicamente el circo dentro del salón. Y en esa sinrazón de pura locura incontrolada, he visto hasta conciertos en vivo donde los músicos procuraban estorbar lo menos posible la vista del Gran Partido a sus espaldas, para no contrariar su publico amado y vibrante de pasión bajo el efecto de la morfina catódica. Creo que no tenemos que aceptarlo. Creo sea mejor aclarar las cosas. Creo sea mejor poner un par de puntos firmes, sin compromiso y sin discusiones.

Las pantallas y el fútbol representan hoy en día uno de los métodos más descarado de control masivo y de manipulación social, y dudo que esto se pueda arreglar de alguna forma. Pero tampoco hay necesariamente que apoyar el proyecto. Los locales quieren aprovechar aquel poco de economía milonguera sin renunciar al ingreso continuado de la economía futbolista, mezclando sudores y pasiones que proceden de necesidades muy diferentes. Los futbolistas, ahí en su campo, ni se enteran. Nosotros, bailando la intimidad de nuestros tangos, sí. Sencillamente, no tendría que haber trato.

2 comentarios to “La mala cara del espejo”

  1. NOCTAMBULA Says:

    Emi, no olvides que el TANGO y el FÚTBOL son dos pasiones muy arraigadas en el corazón argentino. Pero parece que se estorban estando en el mismo espacio y cada una por su lado. SOLUCION: Aplicarlas al unísono, mismo tiempo y espacio, mezclarlas, todo un arte, NUEVO TANGO NUEVO. Toma nota en este video.

    Bromas a parte, tienes razón en el fondo.

  2. ele Says:

    Perfettamente d’accordo.
    Ma non è molto diverso che vedere madonnine e piccole cappelle a ogni lato di strada e un crocifisso in ogni classe del tuo percorso scolastico. Anche i simboli contano. E nei secoli dei secoli ottundono il cervello al popolo bue…


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