A dos manos

abril 16, 2013

Eric Kim - Guitar Hands

Nuestro cuerpo es asimétrico, nuestro cerebro es asimétrico, nuestra percepción del mundo es asimétrica. Los hemisferios cerebrales se han dividido el trabajo, y han organizado manos y sentidos de acuerdo con ésta decisión. Hay asimetrías anatómicas, que no necesariamente están relacionadas con las asimetrías cerebrales, sino con variaciones casuales. Al momento de tocar instrumentos de viento, por ejemplo, pequeñas asimetrías en los labios, en los músculos de la cara, o en la forma de la nariz pueden orientar, facilitar, u obstaculizar elecciones en la posición del instrumento y otros factores asociados a la manera de tocarlo. Pero las asimetrías cerebrales son más fuertes, y sobre todo son comunes a toda la población. Bien lo saben los zurdos, que  a menudo tienen que adecuarse a instrumentos pensados por y para diestros. La mano derecha generalmente es la del trabajo fino, la izquierda la del trabajo fuerte. A pesar de cuanto son diferentes las flautas del mundo y las posiciones para tocarlas, la mano izquierda es la que se suele quedar próxima a la cara, la derecha la más lejana. En los pianistas la izquierda crea las bases rítmica y armónicas con sus bajos, la derecha adorna y busca matices con las notas más agudas. Hasta las percusiones tienen una orientación que hay que cuidar a la hora de posicionarse frente a ellas. Las guitarras son un caso muy interesante: la mano fina (la derecha) hace el trabajo pesado, y la mano fuerte (la izquierda) hace el trabajo fino. Cuando las manos tocan un instrumento, éste se conecta directamente al cerebro, volviéndose una extensión de la mente. Las asimetrías cerebrales son algo que se empieza a conocer solo ahora, pero los instrumentos musicales, en su larga historia y evolución, ya las iban incorporando en sus estructura íntima, adaptándose sin saberlo a nuestro sistema nervioso central.

La Siete

abril 7, 2013

Guillermo de la RocaEl siete de abril de 1840 una insurrección tucumana acaba con mucha sangre y una cabeza colgada en la plaza principal. Siete de abril es también el nombre de un pueblo en la misma provincia. Pero no se sabe porqué la “Siete de Abril”, una de las zambas más hermosas y nostálgicas, se llama siete de abril. Andrés Chazarreta la registra a su  nombre en 1916, pero resulta que no es el autor. Los tucumanos dicen que es tucumana, los santiagueños que es  santiagueña. Y las letras no dejan pistas sobre su origen. Las versiones son tantas y tan diferentes que la Siete de Abril es símbolo y concepto, más que melodía. Una de las zambas más zamba, homenaje puro y melancólico a los tres tiempos, y no se sabe de que habla, de dónde viene, y quién la compuso. Pero es demasiado hermosa, demasiado encantadora, demasiado zamba. Y es por eso que el Siete de Abril, sin saber porqué, es desde hace mucho tiempo el día de la zamba argentina.

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Guillermo de la Roca es el autor que quizás más me ha aportado hasta ahora en el camino de pasión, estudio, y conocimiento de la quena. A través de la increíble limpieza de su sonido y de la exquisita melancolía de sus temas ha sido el autor que, conjuntamente con otros nombres como Hugo Díaz y Raly Barrionuevo, me ha trasmitido el sentimiento y la pasión para la zamba. Me hubiera gustado mucho conocer una versión de La Siete con su quena. Pero la grabó con la travesera, dejándonos la versión más dulce y más amarga de ésta zamba increíble.