Homotango

agosto 29, 2013

Frank, Columbia, MagentaSi dos cuerpos están a la misma temperatura, no fluye calor entre ellos. La física nos enseña que siempre necesitamos una diferencia de potencial para generar energía, y cientos de cosmogonías coinciden en que se necesitan dos fuerzas opuestas para generar el flujo de la vida. En sus emociones, movimientos, y pasión, el tango nace de un contraste. Los dos roles son a la vez antagonistas y complementarios. Se enfrentan pero se necesitan. La fluidez del baile y la pasión de los movimientos nacen de esta lucha, cómplice, orgullosa y sensual. Es normal que, en unos tiempos más anclados en las tradiciones y reacios al cambio, se haya enmarcado este contraste con la contraposición entre hombres y mujeres. Es normal también porqué la sensualidad y las dinámicas que se desatan en el tango precisan exactamente aquel conjunto de relaciones típicas del encuentro/desencuentro entre géneros. Ahora, machismo y heterosexualidad son factores que se han colado por obvias razones culturales, espontáneas y previsibles, pero no necesarias. El tango necesita contraste, sensualidad, diferencia de potencial. Y esto evidentemente puede prescindir del sexo de los bailarines. Esto no quiere decir, sin embargo, que el tango prescinda de diferencias. Decían las feministas en los setenta: igualdad como derecho, diversidad como valor. Las diferencias son un valor. En el tango son una necesidad. Si no hay diferencias, no hay tango. El Tango Queer propone alternar y mezclar los roles. En una búsqueda de alternativas y  experimentación, la propuesta se está desarrollando siempre más, avalando esta perspectiva en los contextos internacionales. Estos tipos de cambios y de retos siempre vienen bien para estimular la creatividad. Al mismo tiempo y como siempre, el riesgo es que una vez más la sociedad no consiga controlar de forma razonable sus afanes, pasando de un extremo (el machismo) a otro (la negación de las diferencias). Si bien el tango no necesita una sexualidad determinada para desencadenarse, sí necesita sensualidad y contraste. El tango necesita las diferencias, para generar aquel flujo mágico de emociones. Si no hay diferencias, no hay tango. Y las diferencias de los roles, si bien no hay porqué pensar que se determinen con el sexo, pero nacen de nuestro propio carácter y personalidad, y estos no se cambian entre tanda y tanda simplemente dándole a un botón, o cambiando el sentido del abrazo. El tango aparece cuando hay contraste y sensualidad, contraste y complicidad. Si no hay diferencia de potencial, no hay flujo de energía. Si no hay contraste y sensualidad, del tango queda sólo un técnico, elegante, y bonito ejercicio de estilo.

Ollantay

agosto 26, 2013

Ollantay (Ricardo Rojas)El Ollantay es emblema de la literatura andina. Primero porque podría ser el más antiguo drama de origen incaico, escrito en quechua. Segundo porque su historia, como toda la actual cultura latinoamericana, ya no permite separar la componente nativa y la componente europea. Ya no es posible, después de tanto tiempo y de tanta mezcla, saber donde acaba la una y donde empieza la otra, totalmente enredadas entre si, fusión definitiva y simbiosis a esta altura imposible de separar. Después de quinientos años de integración, por un lado los registros históricos ya no pueden proporcionar suficiente información para garantizar un estudio o un análisis completo del proceso cultural. Al mismo tiempo, en muchos casos tampoco es posible o necesaria esta separación entre componente nativo y europeo, siendo el resultado final fruto híbrido de un continuo intercambio de influencias entre ambas partes. La primera hipótesis sobre el Ollantay sugiere que el poema sea estrictamente precolombino. La segunda al revés lo presenta como pura composición hispánica, en plan étnico. La tercera ofrece una síntesis: un poema nativo, retocado y revisado por manos europeas. El guerrero Ollantay, que ha conquistado un nivel social gracias a su valor, en nombre de un amor incompatible con las reglas sociales se enfrenta a su propio rey, resistiendo en años de lucha y al fin cayendo solo por un engaño. Final incierto, con Ollantay perdonado y hasta reintegrado con honor (y con princesa recuperada viva después del olvido de una larga reclusión) en la versión actual, pero quizás ejecutado a lo bruto en una versión más realista con las crónicas históricas. Lucho Cavour es un increíble quenista, maestro impresionante de los ligados, vibrados, y glisados. Su sonido es tan limpio, suave, y continuo, que la quena suena como el canto hipnótico de un theremin, un lamento cargado de armónicos y de melancolía. Pues no entiendo mucho de historia precolombina, pero a bote pronto me parece que la hipótesis del Ollantay como resultado de una mezcla continua entre cultura nativa e hispánica sea por lo menos sensata. Y le dedico este vídeo, donde un canto andino recitado por la quena de Lucho Cavour vuela sobre campos y sombras de una moderna Castilla.

Músico ergo sum

agosto 21, 2013

SarasvatiHay por lo menos tres niveles (o filtros) de los que depende nuestra percepción de la música, como instrumentistas o como oyentes. El primero es la cultura, que nos entrega los “receptores” para poder “sentir” lo que está detrás de un conjunto armónico, melódico, o rítmico. La cultura forja lentamente nuestras capacidades, moldea nuestros “decodificadores”, orienta nuestra sensibilidad hacía una dirección. El segundo es el factor psicológico, un conjunto de expectaciones y esperanzas que intenta proyectar en lo que oímos o en lo que tocamos nuestro carácter y nuestras necesidades. El tercero es el conocimiento, la técnica, la información que tenemos (o que no tenemos) para entender, para poder analizar lo que estamos escuchando o ejecutando. Es un nivel intelectual, y de estudio. Está claro que los tres niveles se mezclan y se influyen el uno con el otro, a veces integrándose y a veces al revés chocando, por necesidades diferentes u objetivos diferentes, en función de los caprichos de las “musas“. Está claro que los tres componentes pueden seguir caminos separados, llevando los músicos a combinaciones distintas de estos tres factores. Habrá por ejemplo músicos con una actitud innata a ciertos contextos musicales porque nacidos y criados en cierta cultura, pero sin formación técnica alguna. Y habrá músicos con gran formación de estudio en un campo, pero al mismo tiempo ajenos a aquella cultura. Habrá músicos con grandes recursos culturales y técnicos pero con vínculos asociados a sus expectaciones psicológicas, y músicos con limitado recorrido pero sustentados por una fuerte actitud caracterial. Estos tres factores se mezclan, interaccionan, se funden y se chocan, moldeando nuestra capacidad de percepción y de ejecución musical. Por un lado tenemos que dejar que éste proceso siga adelante, fluyendo, buscando nuestra propia senda de expresión artística y cultural. Al mismo tiempo, cuando sea posible (y necesario) tenemos que ajustar de vez en cuando el camino, para orientar el proceso y evitar entrar en senderos sin salidas. Esto sí, siempre recordando que el fin no es la meta, sino disfrutar del mismo recorrido.

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Aquí podéis encontrar un esquema que integra filtros y objetivos de la música. Os invito a intentar “clasificar” a vosotros mismos, pensando en cual puede ser la combinación de factores que os caracteriza como músicos. Este post nace de una charla con Ernesto, y va dedicado a él, que quizás tarde o temprano se anima y se pone en serio con su cajón peruano, a darle caña como se merece …

Vasija de barro

agosto 10, 2013

Museo Nacional de ColombiaPara quien ha vivido en constante relación con la tierra, y de la tierra se siente parte, no hay mejor regreso que a la tierra. Es un ciclo que devuelve la materia a la materia, los recuerdos a los recuerdos. La tierra recicla tu experiencia, tus amores y tus dolores, tus memorias, las guarda y las moldea para darles nueva forma. El barro se mezcla con la sangre, en una vasija de arcilla que se vuelve vientre protector de los restos de una vida, y a la vez futuro estomago de su digestión y vuelta al circulo. Los Incas utilizaban las vasijas para enterrar a sus difuntos, como nos explica y canta Atahualpa. Y la vasija de barro se transforma en símbolo de la historia de un pueblo, la memoria de una historia natural que se puede difuminar pero nunca llegar a borrarse, para que en cualquier momento un pueblo pueda cantar y contar su origen. Recordar el pasado siempre es necesario para entender el presente, y proyectar entonces un camino hacia el futuro. Esta vasija se hizo con muchas manos, y hoy en día reúne a las voces de Ecuador en un canto común que recorre raíces e historia, donde la muerte no es triste olvido del alma sino orgulloso y responsable camino del cuerpo.

Yo quiero que a mí me entierren
como a mis antepasados
en el vientre oscuro y fresco
de una vasija de barro