Musicopatía

diciembre 15, 2014

Dizzie Gillespie (William Coupon)Placer y dolor, ya lo sabemos, tienen confines misteriosos y complicados. Hay niveles del alma que son insondables, pero también los del cuerpo a veces dan sorpresas. Quien toca un instrumento sabe que práctica y experiencia se pagan con marcas en los dedos, dolores articulares, y agujetas. Claro, lo que no siempre se imagina es que todo esto pueda conllevar problemas más serios. Los profesionales se pasan horas todos los días a lo largo de años forzando músculos, nervios, y huesos, según piden sus instrumentos y sus objetivos. En edades asociadas al crecimiento, esto puede afectar al desarrollo de estructuras y funciones, moldeando el cuerpo con vicios y excesos que no están previstos a lo largo del ciclo biológico. Algunos individuos, por sus características anatómicas, hasta tienen que invertir más recursos físicos que los demás. Los que tocan instrumentos de cuerda sobre todo tienen problemas asociados a la postura, aunque nuestro cuerpo es un sistema integrado y esto puede conllevar cadenas de efectos (hasta llegar a afectar la conexión de la mandíbula). Pero más complejo es el tema para los que se dedican a los vientos: problemas dentales, labios y lengua, articulación mandibular, estrés muscular, glándulas salivares, herpes y dermatitis, alergias, pulmones y gargantas. Luego hay los que cantan, y que llevan el instrumento dentro, siendo instrumentos de sí mismos. Estudiar y tocar instrumentos requiere un esfuerzo neuromuscular importante, sin contar la concentración psicológica que añade factores todavía más complejos. No estaría mal que ortopédicos, dentistas, neumólogos, y otorrinos dedicasen un poco más de investigación a estos aspectos, para acercarse a una clase profesional (los músicos) con necesidades bastante peculiares. Sabemos poco de los instrumentos más reconocidos de nuestra cultura occidental, y carecemos mucho más de informaciones sobre instrumentos menos representados, como quena o didgeridoo. Además es más fácil notar cambios patentes (como una posible contaminación de metales en quien toca instrumentos de latón), pero prácticas de décadas pueden afectar mucho más sutilmente a funciones y tejidos. Bueno, a lo mejor nada que no merezca la apuesta para disfrutar de la música, y sobre todo nada de preocupante comparado con los problemas serios de categorías profesionales más expuestas a riesgos. Pero no está de más saberlo, para evitar mezclar placer y dolor más de lo necesario!

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