Mucho fueye

marzo 1, 2015

Matilde Vitullo (EBruner 2014)

Es frecuente que un género musical se asocie a un instrumento, o un instrumento a un género. Pero es probable que en ningún caso se haya llegado a la intima complicidad del tango y del bandoneón. Quizás tampoco es complicidad: es una sinonimia, una tautología, simbiosis extrema y obligada, no puede existir uno sin el otro. Se puede tocar “un tango” con cualquier instrumento, pero se puede tocar “tango” solo con un bandoneón. Una nota, y ya es tango. Hasta el murmullo lejano de su botonera, y desde luego el respiro jadeante de su fueye, son parte esencial de su queja, de su tango. Ingeniería alemana, melancolía porteña. Treinta y pico botones por un lado, y treinta y pico por el otro. Hay que acariciarles dejando a las yemas la responsabilidad de encontrar sus combinaciones, porque los ojos no pueden ayudar en la búsqueda. Como si no fuera bastante, las demás teclas suenan diferentemente cuando el fueye se abre o se cierra. Como si no fuera bastante, la posición espacial de los botones no sigue un orden o un criterio regular como en los otros instrumentos, y la proximidad de las notas depende un poco de algunas comodidades armónicas, y un poco de desconocidas decisiones históricas, perdidas entre un océano y dos continentes. Como si no fuera bastante, el movimiento del fueye, pulmón de cartón, tiene que seguir sus notas bailando con ellas, abriéndose y cerrándose optimizando tiempos y milímetros, cuidando su respiración, su cadencia, su vigor. Se construye sobre todo en Europa (Alemania, en particular), pero su canto se asocia estrictamente a las áreas porteñas del Rio de la Plata. Los instrumentos construidos antes de la segunda Guerra Mundial todavía marcan sus tiempos en las manos de las nuevas generaciones, y para los nuevos se piden precios desde seis mil para arriba, obras de ingeniería atávica entre lengüetas de cuero y peines de zinc. Afinación variable, a menudo 442 Hz, con cierta pragmática decepción de los pianofortes europeos. Los demás botones cantan por octavas, sin que nadie se entere. De su queja nace el tango, y la melancolía de su respiración nos cuenta “un pensamiento triste que se baila”.

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Tengo que agradecer a Eduardo Vigo muchas informaciones sobre el bandoneón. Eduardo, guitarrista y bandoneonista entre tango y folclore sudamericano, aconseja esta página web para acercarse a la historia increíble de este instrumento, y este reportaje por David Alsina. Un concierto de Claudio Constantini ha impulsado la figura del bandoneón estos días en Burgos. Hace poco el bandoneón ha perdido una de sus figuras históricas: Leopoldo Federico.

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