Quena 2.0

junio 2, 2015

QuenadospuntoceroHe tenido que esperar siete años para poder decidirme a escribir este post. Siete años de quena. En la antigüedad ha habido, desde siempre, un antagonismo cultural (y a veces una competición conflictiva) entre cuerdas y vientos, kithára y aulós, a menudo asociados los unos a un contexto más noble y oficial, los otros a un contexto más popular y menos ilustre. Siete años de un cierto conflicto personal entre mis guitarras y mis flautas, una esquizofrenia manchada por un cierto sentido de traición, hacia ambos. Y las flautas representadas, encima, por un instrumento increíblemente difícil, caprichoso, indómito, rebelde, vanidoso: la quena. Una relación difícil, adultera, impredecible. Siete años intentando comprender a los vientos, intentando hablar con ellos. La quena, el bansuri, el shakuhachi, la flauta nativa, la ocarina. Un equipo increíble. Han pasado siete años desde mi encuentro con la quena, y nuestra relación parece haber alcanzado un nuevo nivel de integración. Un nivel diferente, aparentemente estable. La relación con la quena, a diferencia de otros instrumentos, no es lineal, no es gradual, sino más bien caracterizada por largos periodos de frustrante estancamiento (o hasta momentáneos retrocesos), y luego saltos inesperados, a veces inexplicados, relativamente rápidos, y discretos. Han sido años de estudio, de búsqueda, de entrenamiento técnico, de intentos, de razonamientos y de experimentos, pero al final las cosas cambian cuando el cuerpo alcanza una organización suya, interna, que pasa de reglas y de lógica, y se asienta según criterios que aparentemente no tienen nada que ver con todas aquellas reflexiones anatómicas sobre posiciones, posturas, labios y respiración. Un nivel “dos punto cero” se alcanza cuando sientes que tu cuerpo se integra con el instrumento. Cuando el sonido sale espontaneo, dejándote libre de disfrutar y explorar, en el tiempo y en el espacio, el conjunto y sus detalles. Cuando ya no te estás preocupando de las notas, y ya no te espanta que pueda haber una nota peligrosa escondida entre los compases.  Cuando las manos se mueven con naturaleza, sin tensiones ni cansancio, y sin la mirada atenta de los ojos, que pueden reposar cerrándose y abandonándose a los matices del sonido. Cuando los dedos sienten y disfrutan la vibración del instrumento, vibrando junto con él. Cuando, sin darte cuenta, descubres que tienes un estilo tuyo, propio, que se ha forjado en el tiempo sin que te hayas enterado. Cuando tocas como te hubiera gustado, como estabas esperando, y todos los logros futuros serán agradecidos y maravillosos avances adicionales. Cuando ya no tienes prisa, porque estás disfrutando del camino, sin pensar en la meta. Porque ya no hay meta, sino solo el placer de compartir tu camino con el instrumento, descubriendo juntos nuevos paisajes. Adelante.

4 comentarios to “Quena 2.0”

  1. Bruno Lug Says:

    Con más de cuarenta años de contacto musical con este instrumento, y de investigaciones sobre su funcionamiento, no puedo exprimir mas el sentimiento relacional que me vincula. Aunque la quena aporta con ella toda una cultura ancestral que no es mi propria y me negará pues siempre esta magia de la pertenencia original.

  2. Emiliano Bruner Says:

    Es verdad, los que tocamos instrumentos de otras culturas siempre llegamos a sufrir esta falta de raíces, y lo vivimos como un límite constante, a nivel emocional como técnico … Pero no se puede evitar, con lo cual hay que asumirlo y aceptarlo dentro de la relación con el instrumento, hasta entender que es parte de ella. Además, a veces me pregunto si no sea más un límite de nuestra forma de pensar, más que un límite real. Necesitamos un sentido de pertenencia a una historia, a una cultura, a un grupo, y lo echamos de menos en las relaciones con nuestros instrumentos musicales.

    Pero a lo mejor no es tan importante como pensamos … Lo que es importante es entender que somos lo que somos, y aceptar la diversidad como valor. Creo que sea poco útil, por no decir imposible, tocar la quena como un indio andino si no eres indio andino, o tocar el didgeridoo como un aborigen australiano si no eres un aborigen australiano. No solamente sería inútil, infructuoso, sino hasta un desperdicio: para simular una cultura ajena, perdemos la posibilidad de expresar la que nos pertenece, en la que sí somos preparados culturalmente.

    Así que como siempre hay que asumir los límites, y aprovechar de las posibilidades, para recorrer un camino que siempre será, de todas formas, andino, australiano, o europeo que uno sea, personal.

    Bruno, gracias por tus comentarios, siempre aportan notas de experiencia y de emoción!


  3. Maravillosas palabras Emiliano. Soy quenista y a lo largo de los 25 años que llevo tocando este instrumento creo que he logrado filtrar los matices de mi entorno cultural en el bambú.
    He tocado innumerables veces junto a aborígenes y ellos mismos han aceptado como ‘natural’ mi voz quenística. Siempre tengo en cuenta que desde la invención remota de la quena, en cada aldea donde llegó hubo alguien que buscó como expresar la voz de su pueblo en ella. Por esa razón existen miles de ‘modelos’ con la escala adecuada para cada estilo, con el filo necesario para cada timbre buscado….. Todos los que tocamos la quena somos parte de ese trayecto, la quena no está ‘terminada de inventar’ jajajaj la seguimos inventando nota tras nota. Un abrazo desde Buenos Aires.
    Milton Blanco, músico.

  4. Emiliano Bruner Says:

    Gracias Milton, muy motivador tu comentario! Tienes toda la razón, son instrumentos que viven, y todo lo que vive evoluciona, continuamente. Con la quena quizás más que con otros instrumentos hay una fusión entre instrumento y músico, a lo mejor porque “respiran” juntos. Hay momentos en que la voz de la quena es una expresión del músico, y otros momentos en que parece que sea el músico el instrumento, y la quena que comunica con su propio canto, entregando su propio mensaje a través del músico. Es una relación rara, apasionante, compleja … Son caminos personales, aunque a lo largo de estas sendas solitarias muy a menudo nos encontramos unos cuantos! Gracias por compartir tu valiosa experiencia!


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