Ojos que no ven …

agosto 10, 2015

El musico ciego (Claudio Bravo Camus)En “El País de los Ciegos” Herbert George Wells describe una población humana que se ha desarrollado desconociendo totalmente el sentido de la vista. Y en el país de los ciegos el tuerto (o, peor, él que tiene dos ojos) no es el rey, sino un pobre despistado y torpe que no consigue apañarse en un mundo hecho y pensado a medida de seres que no contemplan la visión entre sus sentidos, ni siquiera entre sus conceptos. En el país de los ciegos, quien tiene ojos es un discapacitado. Y en nuestro mundo, un mundo de primates que han invertido casi todas sus capacidades sensoriales en los ojos, los ciegos a menudo han sido músicos. En todas las épocas, en todas las culturas, se ha asociado el ciego a la figura del músico. Vagabundos que acompañan el bullicio de un mercado o sabios que entretienen las cortes y sus reales, los ciegos utilizan sus instrumentos como una puerta hacia nuestro mundo, una interfaz acústica que enlaza los que ven y los que oyen, los que piensan con los ojos y los que piensan con los oídos. A bote pronto parece el destino de una limitación: el ciego toca porque otra cosa no puede hacer. La neurociencia nos recuerda que no es así. El ciego ha dedicado todo aquel cerebro, que nosotros tenemos entregado a la visión, a otras capacidades, sobre todo a las acústicas y a las táctiles. No es solo una cuestión de percepción (sentir) sino también de cognición (pensar). El ciego tiene una cognición acústica y táctil que le permite construir su mundo en función de estímulos, relaciones, y procesos que nosotros seres visuales desconocemos. Sus redes neurales están entrenadas para entender y reconocer reglas acústicas y táctiles según niveles de complejidad que van mucho más allá de lo que podemos percibir los que razonamos con formas y colores. Además la visión, en los que desarrollan su relación con el mundo exterior a través de los ojos, no solo ocupa mucho espacio cerebral sino también oculta otras sensaciones, y reprime otras capacidades. Cerrar los ojos mientras se toca o ponerse unas gafas oscuras puede que no sea solamente un ejercicio de concentración, sino y sobre todo un intento de desinhibición de aquellas otras capacidades que no pasan por la retina. Sin ojos, cerebro y cuerpo invierten en manos y oídos, adaptación sensorial y cognitiva que funde individuo e instrumento en un mundo estructurado en emociones y vibraciones, incorporando orgánico e inorgánico en un verdadero proceso de simbiosis acústica.

***

Oliver Sacks habla mucho de las capacidades musicales de los ciegos en su libro “Musicofília”. Un caso bastante impresionante de capacidad musical de los ciegos que ha sido mencionado en este blog es el Koto japonés. A nivel cognitivo, todo esto es particularmente relevante si consideramos la capacidad de cerebro, cuerpo, y objetos, de integrarse en procesos conjuntos. Aquí un post más especifico sobre este tema: Digito ergo sum.

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