El canto de la quimera

febrero 1, 2016

Charles WC Johnson

Es curioso como, según el registro histórico y hasta prehistórico, los instrumentos musicales tradicionales se diseñaron y desarrollaron casi todos en poco tiempo. Las flautas (precisamente quenas en hueso) y probablemente las percusiones se quedaron como única evidencia instrumental a lo largo de miles de años pero luego, en cuanto se empiezan a desarrollar las primeras sociedades organizadas, ya de repente tenemos vientos y cuerdas de todo tipo y formas. En cambio, la historia de la técnica musical es totalmente diferente: lenta, gradual, conservadora, aparentemente muy ingenua. Es decir, los instrumentos musicales aparecen casi todos de repente, mientras que la capacidad y la habilidad de tocarlos parece que ha seguido un patrón de pequeños alcances a lo largo de un proceso muy poco innovador y muy lento, si lo comparamos con otros procesos culturales. Es probable que lo que hoy interpretamos como una práctica musical básica a lo largo de miles de años haya representado una verdadera virguería. Conceptos tan aparentemente sencillos como la polifonía o la escritura musical han tenido que esperar siglos y siglos, a través de modestas y tímidas aportaciones arriesgadas. Aunque es probable que siempre se haya dicho lo mismo en cada época, hoy pensamos que la técnica está alcanzando niveles asombrosos. Solo hace unas pocas decenas de años un músico destacaba más fácilmente por su expresividad, y no era demasiado necesario recurrir a un excepcional nivel técnico. Hoy el nivel de control del instrumento es un factor casi indispensable. No garantiza nada, y bien sabemos que las acrobacias instrumentales no sirven mucho cuando no hay cualidades culturales y emocionales más profundas. Pero hay que reconocer que, sin un nivel técnico importante, es mucho más difícil llegar a decir algo que ya no se haya dicho muchas y muchas veces. Tanto se ha tocado, cantado, compuesto, arreglado, que un nivel técnico sorprendente es cada día más necesario para proponer nuevos caminos. Y, más allá de un posible don especial del que siempre se habla pero nunca se ha llegado a comprobar que exista, hay solo una fórmula para alcanzar aquel nivel: tiempo y compromiso. Horas y horas, cada día, todos los meses, a lo largo de muchos años. El compromiso no es algo en plan blanco y negro, y es posible jugar con escalas de grises, donde cada uno decide cuánto quiere invertir, y cuánto quiere recoger. Pero está claro que, por debajo de cierto umbral, no es posible alcanzar un nivel técnico suficiente para poder llegar a “decir algo diferente”. Desde luego somos muchos los que nos quedamos bajo de aquel nivel y, si queremos vivir la música más allá de un puro entretenimiento, entonces tenemos que explorar alternativas. Para que la música sea un camino compartido, un intercambio emocional, tienes que expresarte con tus propias letras, intentado ir más allá de todo lo que ya se ha dicho y se ha hecho mil veces. Y si uno no quiere o no puede contar con cierta complejidad técnica, la única alternativa es navegar hacia las fronteras. Exploradores de tierras inciertas y lejanas, panoramas diferentes, horizontes que nunca se alcanzan pero que ofrecen una dirección interesante. Mezclar, combinar, integrar, instrumentos y músicas, cantos y tradiciones, culturas y geografías. La música es comunicación y emoción y, cuando las palabras se agotan y ya es difícil trasmitir nuevos conceptos, hay simplemente que viajar fuera de sus confines, en busca de nuevos idiomas.

2 comentarios to “El canto de la quimera”

  1. Pitiklinov Says:

    No estoy seguro de que siempre sea necesaria una mejor técnica para tener más creatividad e incluso creo que a veces la relación puede ser negativa: a más conocimientos técnicos menos creatividad.
    Por ejemplo, estoy seguro de que Paul McCartney sabe más música ahora de la que sabía cuando empezó con los Beatles. Y lo mismo podríamos decir de Mark Knoppfler o de muchos otros. Y sin embargo creo ( esto siempre es opinable) que ahora no componen canciones como las que compusieron cuando eran más jóvenes. Las canciones de mucha grandes figuras ahora (John Fogerty, etc…) no tiene la frescura, el feeling, la vida, de sus mejores obras.
    También me llama mucho la atención cómo la creatividad es un fenómeno colectivo en gran medida (tampoco siempre). Ya que hablamos de los Beatles, o de Led Zeppelin, vemos cómo a veces es de la unión de varias personalidades con talentos diferentes ( uno es mejor con las letras, otro con las melodías, otro con los arreglos, etc…) de donde surge la maravilla. Te diría más, a veces la aportación de alguno de los miembros del grupo no es musical directamente, sino emocional. Hay grupos donde los creadores han sido otros pero desaparece alguien que parece segundón ahí y la creatividad del grupo se viene abajo. Igual esa persona hacía de pegamento emocional, o de inductor enzimático por así decirlo y hacía que la creatividad de unos miembros pasara a otros y todo fluyera.

    Es muy importante también el papel que han jugado a veces los productores o la gente que ha creído en los artistas ( como pasa con los pintores) Por ejemplo a Marc Bolan lo descubrió un productor oyéndole en el metro. Muchas veces sin un mecenas o alguien que crea en tí y apueste por tí muchos artistas no habrían salido adelante. Estos mecenas han sabido crear un ambiente para que el artista florezca…

    Y, por último, a veces las limitaciones técnicas creo que han sido una ventaja. La gente que ha abierto caminos ha sido a veces porque “no sabían que eso no se podía hacer”. Los muy técnicos se atienen a las normas armónicas imperantes , etc. y los menos técnicos han podido ser más creativos. El movimiento punk no era muy técnico pero descubrió una manera de expresarse diferente y de conectar con la gente
    Al final la creatividad es algo emocional, es tener algo que decir, es transmitir algo.
    Joe Strummer de los Clash decía que “el rock and roll es algo que decir, una guitarra y tres minutos para decirlo”🙂

    Un saludo, Mr. Precúneo🙂

  2. Emiliano Bruner Says:

    Bueno, antes de todo rematar un mensaje importante: estoy seguramente lejos de afirmar que la técnica lo es todo. Aquí el mensaje principal es: dado que la música ya ha hecho mucho camino y explorado muchas sendas, la técnica se vuelve cada día más útil para llegar más lejos. Y esto quiere decir que la técnica es una ayuda cada día más esencial. Los niveles técnicos se disparan, y en muchos nos quedamos atrás. Es decir se reconoce un hecho (la técnica es una ayuda importante para comunicar) y un proceso (los niveles aumentan muy rápidos). Todo ello, como he dicho, no garantiza nada, si no se integra con “otros factores”. Recuperado el mensaje, voy con tres comentarios.

    Primero, todo esto no tiene estrictamente que ver con la creatividad. La creatividad es fundamental en música, pero algo paralelo (y común) a este proceso de desarrollo técnico-instrumental. Está claro que hay muchas relaciones, muchísimas, pero también muchos factores independientes. A paridad de creatividad (si es que se puede medir) un músico con más técnicas tendrá más alfabeto, más gramática. Y esto no quita nada a quien pasa tranquilamente de este control, llegando al corazón a través de canales diferentes.

    Segundo, creo que hay que separar el camino musical de un instrumentista y los fenómenos musicales asociados al mercado y, sobre todo, al éxito popular. Otra vez, las conexiones son muchas, pero los factores independientes (hasta opuestos) también. Mi comentario se refería al proceso personal de un músico, y si metemos por medio el marketing vamos introduciendo muchas cosas más.

    Tercero, finalmente llegamos a la verdadera cuestión, tu duda: es posible que “el conocimiento” encarrile y cuadricule la expresión y el arte, desviando y hasta entorpeciendo el proceso musical? Bueno, ya sabes que esto lleva siglos debatiéndose, y no se ha llegado a una solución. Lo Sturm und Drang aconsejaba expresarse en caliente, los Ilustrados decían que era mejor hacerlo en frío … Supongo ambos tienen razón, en cierta medida y quizás considerando objetivos diferentes. El saber enriquece pero vincula, proporciona control pero quita espontaneidad. Quiero pensar que, a largo plazo, las dos aproximaciones convergen. Aunque dudo que en muchos consiguen acercarse a esta asíntota! Mientras tanto, hay que tomar un camino y yo, lo confieso, en esto me siento indudablemente ilustrado.

    Ahora, las cosas como son: si te falta la chispa, solo te queda apostar en muchas horas de estudio!!!


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