A gritos

agosto 2, 2017

El lenguaje es un sello único de nuestra especie y no cabe duda de que, en una canción, la letra puede marcar la diferencia. Hay autores o géneros donde las letras son pura poesía, iluminan, cargan de sentidos y de emociones. Desde luego sabemos perfectamente que la música puede prescindir totalmente de ellas. Más allá de la música instrumental, conocemos de sobra muchos ejemplos donde palabras sencillas y básicas (por no decir planas) consiguen, de una forma u otra, llegar hasta las vísceras, sacudiéndonos el alma sin más. El tango y el blues son dos ejemplos extremos y opuestos en este sentido, porque ambos expresan la melancolía y la tristeza del exilio y de la emigración, pero el primero lo hace con una estructura musical muy compleja, una técnica impresionante, y letras que son verdaderos poemas, mientras que el segundo necesita solo una estructura musical básica, una técnica bastante tosca y genuina, y letras nimias, sencillas, directas, crudas. Ahora bien, para que llegue a tocar los nervios adecuados, no hace falta recordar que la letra no necesita ser compleja o floreteada. Hay frases cuya sencillez espontanea y sincera tocan la fibra sensible precisamente por su equilibrio sutil y liviano, mágico y abrumador. Pero hay más. De hecho, hay canciones que nos llegan hasta la médula aunque se canten en idiomas que no conocemos. Y en algunos casos las letras se basan realmente en un canto primordial hecho de fonemas que trasmiten la sensación a través de sonidos sin sentido lexical pero con una fuerte carga emocional, un lenguaje que utiliza combinaciones acústicas capaces de estimular nuestras drogas endógenas cerebrales sin tener que pasar por una traducción lingüística. No hace falta recordar cuantas veces tarareamos y chapurreamos la letra de una canción, sobre todo en un idioma ajeno, incluso inventándonos palabras que no existen, y aún así disfrutamos a cada sílaba de su carga emocional. En alguna ocasión puede que se utilice el canto como un instrumento más, pero en realidad nuestro cerebro separa el lenguaje de los otros tipos de sonidos, lo encarrila en un proceso distinto, así que en cuanto ese canto utiliza segmentos que se parecen a un idioma, aunque desconocido, su interpretación se dirige a áreas cerebrales distintas y especializadas. Entonces a lo mejor hay algo más detrás del significado de las letras, algo que no tiene que ver con este significado, sino solo con el efecto que una palabra ejerce en nuestras sensaciones al momento de oírla, o de pronunciarla.

Hoy en día sabemos que cuando oímos o pronunciamos una palabra, en el cerebro se activan neuronas del cuerpo que supuestamente se relacionan con acciones asociadas a dicha palabra. Es decir, el cuerpo responde cuando oye o pronuncia letras, involucrándose, aunque sea solo por simulación. Esta activación es tan intima que muchos piensan que es necesaria para descodificar el lenguaje, y esto podría significar que el lenguaje pasa necesariamente a través de la experiencia del cuerpo. Hablar y entender pasan por sentir, un sentir físico y corporal, que involucra manos y entrañas. Desconocemos la naturaleza y los mecanismos de estas reglas que asocian sonidos y sensaciones, reglas que a veces serán el resultado de funciones especificas y quizás de ciertos trasfondos evolutivos, a veces simples consecuencias secundarias de un complejo cruce de cables biológicos. Hay muchas condiciones psiquiátricas (como por ejemplo el síndrome de Tourette) donde actividades motoras y fónicas se vuelven repetitivas, y se asocian a un placer endógeno asociado a la ejecución de un cierto movimiento o a la repetición de ciertas palabras. “Caramelos para el cerebro”, se lee en los libros de Oliver Sacks. Algo que todos hemos experimentado cuando un tema pegadizo se nos clava en la cabeza y en las piernas, acompañándonos por horas. Así que adelante, a tararear y a murmurar, a buscar aquella letras que nos embelesan el cerebro, sin rumbo y sin sentido, forjando aquellos versos que, sin rima y sin compases, den rienda suelta al canto natural del cuerpo.

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Silberius de Ura canta con la voz de Neonymus. Aconsejable seguirlo en sus viajes a lo remoto, experiencias de sonidos, y de cuerpos.

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