Cráneos y violines

abril 19, 2019

Desde Stradivari, el grosor de la madera de los violines recibe una medición meticulosa, y los lutieres se dedican cuidadosamente a medir esta variable, por lo visto tan fundamental para la calidad del sonido de los instrumentos. Pero claro, un violín tiene una arquitectura compleja y es muy delicado, con lo cual a veces no es fácil llegar a posicionar los calibres tradicionales en sus entrañas. Una solución es el calibre Hacklinger, formado por dos imanes que miden la distancia en función del campo magnético entre ellos. El primer imán va al equipo de medición, el segundo es una bolita fácil de deslizar dentro de la caja armónica. En fin, un objeto delicado con arquitectura compleja, una caja cerrada con pocas aberturas: el calibre Hacklinger es un buen invento para los lutieres, y … para los antropólogos también! El grosor de los huesos del cráneo es una variable que se ha estudiado mucho en antropología, por sus variaciones entre individuos o grupos geográficos, a lo largo de la evolución o del crecimiento. Se sabe que depende de muchos factores cómo las hormonas, la actividad física o la alimentación. Hoy en día se usa la tomografía computarizada para este tipo de estudios y el nivel de precisión y de capacidad de análisis es increíble. Pero una tomografía cuesta cientos de euros, sin contar seguros y logística necesarios cuando desplazas un ejemplar o una muestra desde un museo hasta un hospital. Así que no siempre se puede ir por este camino, si tienes muchos individuos (colecciones de museos o muestras arqueológicas) o si, sencillamente, no hay dinero para ello. Pues hemos aprendido de los lutieres, y hemos utilizado un calibre Hacklinger para medir el grosor del cráneo en una población de un osario medioeval. Resultado: ¡funciona! Más cruces inesperados entre música y antropología … Al fin y al cabo, la cabeza humana es un instrumento musical, una caja de resonancia muy rara donde la cuerdas, llamadas neuronas, están por dentro, y resuenan produciendo una vibración que llamamos pensamiento. Y el resultado es una melodía única, a veces inquieta y caprichosa, que en los casos más virtuosos lo tiene muy claro: pase lo que pase, no repite.

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Cuarenta dedos

abril 10, 2019

Confieso que me encanta el virtuosismo, la técnica al servicio del arte, velocidad y complejidad al servicio de la emoción … Pero me quedo más fascinado aún cuando una idea es tan buena que no lo necesita. Y cuando hay cuatro guitarras a la vez. Y cuando suena acústico. Y cuando el final te deja extasiado y complacido … Disfrutad de estos cuarenta dedos …

[40 Fingers]