Bajo cuerdas

noviembre 4, 2017

Los instrumentos musicales son, al fin y al cabo, extensiones de nuestro cuerpo, que cuando se vuelve “cyborg” enlazándose con cuerdas y cañas es capaz de pensar y explorar un mundo distinto de sonidos, ritmos y armonías. Incluso herramientas mucho más simples, cuando las utilizamos con un entrenamiento constante, se “imprimen” en los esquemas neurales de nuestro cerebro, y el cerebro las interpreta como una parte del cuerpo. Esta integración establece un contacto “cognitivo” entre cerebro, cuerpo e instrumento, y el instrumento se vuelve extensión misma del brazo, directamente representado en nuestra corteza cerebral. El ejemplo más famoso es el bastón del ciego, interpretado por su cerebro como un “brazo muy largo”. Si un bastón ya reorganiza nuestra corteza cerebral, os podéis imaginar entonces que revolución cerebral puede desatar … una guitarra! También a raíz de esta relación “neurobiológica”, los instrumentos musicales han evolucionado en la historia de la humanidad con paralelismos y convergencias, adaptándose y moldeándose a los cuerpos de sus poblaciones, y generando patrones de diseño a menudo repetidos y fijos. Muchos instrumentos han alcanzado enseguida una cierta estructura y luego no han cambiado mucho a lo largo de siglos. Tal vez sea por inercia cultural, tal vez porque, sencillamente, funcionan perfectamente y no necesitan cambios importantes. En los instrumentos de cuerdas un “carácter evolutivo” muy pero que muy variable es precisamente el número de las cuerdas, y un ejemplo reciente de “radiación adaptativa” es el bajo eléctrico. Su estándar de cuatro cuerdas, bien afianzado y sin duda satisfactorio en todos los géneros y estilos, a menudo se ve revolucionado por variaciones de todas formas y colores. Yo soy uno de los que siempre se ha encontrado en perfecto equilibrio con el bajo tradicional, y nunca he sentido necesidad de más cuerdas, agudas o graves, pero me encanta la experimentación, y esta evolución loca del bajo eléctrico me parece una experiencia genial, y una gran oportunidad. Aquí unos comentarios de Joaquín García, bajista, contrabajista, técnico de sonido excepcional, y exitoso mercante de bajos eléctricos en todo el mundo …

“Los bajos eléctricos con muchas cuerdas ponen muy nerviosos a los puristas del instrumento. No es mi caso. Ahora bien, considerar un instrumento tan joven como el bajo eléctrico (creado en 1951) como definitivo porque Leo Fender (quien era inventor, no músico) lo creara de 4 cuerdas, creo que es realmente exagerado. Por otro lado, somos animales de costumbres y animales sociales así que si nuestros ídolos usan 4 cuerdas (por ejemplo: Jaco Pastorius, Marcus Miller, Victor Wooten, etc.), es normal pensar “quién soy yo para usar una cuerda más”. Yo creo que el número de cuerdas es irrelevante; lo importante es lo que hagas con ellas. Mi favorito con un ERB (Extended Range Bass) es el francés Yves Carbonne, que hace una música increíble con un bajo de 12 cuerdas como con uno de 2 cuerdas que también usa. Desde que me he pasado al contrabajo lo tengo más claro: yo también estoy muy muy cómodo con mis 4 cuerdas, pero de hecho en las Orquestas Sinfónicas apenas hay contras de 4, siendo casi todos de 5 cuerdas.

Mi mejor contrabajo tiene casi 200 años y era originalmente de 3 cuerdas hasta que alguien hace unos 80 años lo convirtió a 4 cuerdas. En la evolución de la música y de los instrumentos el número de cuerdas es lo de menos, yo lo tengo claro. En cada momento se hacen con las cuerdas y afinación que se estiman necesarias para la música del momento (viola de gamba de 6-7 cuerdas afinadas como una guitarra que da paso al poderoso cello afinado por quintas y 4 cuerdas). Y hay muchos contrabajistas no orquestales que hacen maravillas con 5 cuerdas (a menudo con un Do agudo, no un Si grave). En cuanto a la continuidad física yo diría que el hábito y la costumbre tienden a fijarnos ciertas posiciones. Si siempre has tocado 4 cuerdas es lógico que te parezca que ese es tu ámbito y lo que de forma natural y casi física te va bien, pero creo que sólo es fruto del hábito. Si el bajo que hubieras tenido y aprendido a tocar fuera de 3 o 5 cuerdas, ese es el que te parecería más “normal” y lo convertirías en tu extensión física del cuerpo.

En realidad más cuerdas son más fáciles de tocar, con mucha diferencia, por una mera cuestión de economía de movimiento, ya que sin necesidad de mover la mano izquierda accedes a más notas. Y en el caso del bajo, una cuerda más grave realmente hace que sea más bajo, así que si hablamos de frecuencias graves, añadir notas más bajas es una opción realmente interesante. Los bajos de 6 cuerdas añaden una más grave (Si) y una más aguda (Do) que un bajo de 4 cuerdas, y es cierto que la tesitura aguda coincide en parte con el registro de la guitarra, pero de nuevo es una posibilidad interesante. Los bajos de 5 y 6 cuerdas empezaron a proliferar a finales de los años 70 cuando los potentes sintetizadores producían unos sonidos graves poderosos y además podían emitir notas más bajas que el Mi de la 4ª cuerda del bajo, llegando hasta un Do. Los bajos de 5 cuerdas permitían llegar hasta un Si, de modo que esa cuerda adicional permitió a los bajistas reconquistar su terreno natural en la banda. Una década después los sintetizadores que emulaban bajos o bass-synth desaparecieron, pero el registro ampliado del bajo ya se había adoptado de forma definitiva. Hoy conviven sin problema bajos de 4 y 5 cuerdas y en menor medida de 6 e incluso más cuerdas. De nuevo, se trata de lo que hagas con el instrumento, no de cuántas cuerdas tenga. Dicho de otro modo, el talento no tiene nada que ver con el número de cuerdas. Ojalá tuviera yo la décima parte de musicalidad tocando una sola cuerda que alguno de mis ídolos… ¡me cambiaba ahora mismo!”

***

[Dr. Music]   [Dr. Bass]   [Youtube]

Anuncios

Entrequenas

febrero 6, 2017

angel-sampedro-2016b Ángel Sampedro del Río es constructor de instrumentos de bambú desde 1985, es especializado en acústica aplicada a instrumentos musicales, e investiga el origen y las propriedades  de la madera desde un punto de vista botánico y funcional. Es miembro y ha sido directivo de la Asociación Argentina de Luthiers, y es co-organizador de la exposición Luthería en Buenos Aires. Hace unos cuantos años (2010) nos habló del papel del luthier. Ahora, en una larga entrevista nos confiesa algunos detalles del … mercado de las quenas!

¿Qué características tiene el mercado de la quena hoy en día?

La quena es un instrumento por un lado versátil, por otro muy transportable y, además, remite a muchas personas a lo ancestral, a poder palpar los orígenes de la música (reales o presuntos) en su propia experiencia. Por ello, el mercado de la quena es bastante variado. También lo es, o lo está siendo, su variedad y modelos. Podríamos decir que el mercado y sus gustos han ido evolucionando, en lo que hace a músicos que pretenden hacer uso de la quena – ya que, como imaginan, también hay un mercado de las quenas de adorno, que se compran como regionales, que no voy a detallar. Sobre el mercado de la quena, existen distintas vertientes. Una importante, que se da también con otros instrumentos pero en la quena se manifiesta especialmente, es el hecho de que un músico tiene varios ejemplares. Esto excede el concepto de coleccionismo (que también existe, claro), y está justificado en la acústica y práctica de ejecución del instrumento. Considera que, a diferencia de otros vientos, la quena está muy poco estandarizada. Toda una gama de diferentes tamaños, escotaduras y biseles, espesores de pared, tamaño de agujeros. Si a esto le sumas las distintas tonalidades, y el precio relativamente bajo del instrumento, bueno, es normal que un solo músico tenga una buena variedad de quenas.

Entonces pocos quenistas pero con muchas quenas …

Sí, algo así, pero también hay muchos músicos de otras especialidades que quieren tener una quena, ya sea para uso profesional, o para tocar en sus ratos libres, o para viajar de vacaciones sin cargar otro instrumento más voluminoso y frágil. Esto abre todo un abanico, pero podría resumir en que dependiendo la seriedad y el compromiso del músico con su propio instrumento, termina eligiendo una quena de buena calidad. Esto es porque el músico avezado comprende y conoce que un buen instrumento te ayuda a ejecutarlo y desarrollarlo. Pocos o ningún músico va a ir a una casa de regionales a comprar una quena barata, de adorno, para probar, porque entiende que en realidad no está probando un instrumento, sino un adorno. El músico, ya sea guitarrista, vientista, bajista, percusionista, sabe valorar un buen instrumento y un buen fabricante, aunque aún no conozca sus pormenores. Los luthiers trabajamos mucho con este rubro de músicos no especializados en aerófonos folklóricos, y es tal vez con quienes más dialogamos, porque también hacen las mejores preguntas y nos obligan a pensar en nuestros instrumentos desde otro lado.

¿Y otras facetas más específicas del negocio?

Está el mercado dado por la sustitución de instrumento o por reparaciones. La quena es un instrumento bastante fácil de cuidar, y relativamente resistente, pero a veces nos confiamos de ello y termina por ahí, en un ensayo o grabación, o en un fogón. Y créeme, los peores enemigos de las quenas resultaron los perros y las sillas. ¿Cómo? Bueno, pues ya tuve varias decenas de reportes de quenistas que vienen y me dicen que necesitan reponer su quena, porque la agarró el perro (ya sea propio, del vecino, de la pareja). Y las sillas … pues no es la silla en sí quien atenta contra el instrumento y su vida útil, sino su uso indebido. Recuerdo un constructor de flautas irlandés que decía “las sillas son para sentarse, no para apoyar flautas”. Cuando tienes varias quenas que vas cambiando, las dejas donde te parece cómodo. Una silla vacía se ve como un espacio neutro, inocente; está justo a la altura para apoyarla y volver a tomarla cuando necesites. Pero quien se sienta puede no estar mirando lo que hay apoyado, y ¡crack! Los sofás son más sofisticados: bajaron su altura para que el cuerpo de quien se sienta haya tomado más aceleración, y con ello una rotura más eficiente; y además se valen de almohadones para camuflar las quenas y hacerlas víctimas más fáciles. Hay un gran número de quenistas que vienen al taller con su instrumento dañado o destruido por esta causa. Por caso, la sustitución de la quena es algo relativamente sencillo, pero a veces el músico quiere esa misma quena, reparada. No importa si es más caro que una nueva. Para ello, el luthier que se precie debe desarrollar técnicas de reparación y restauración; imprescindible para ello conocer muy bien el bambú (o las maderas) y su dinámica y comportamiento en el tiempo, y con los adhesivos, las lacas, etc.

¿Qué tal el negocio de la quena en las tiendas de música?

Es bastante curioso el hecho de que las tiendas dedicadas a instrumentos musicales no muestren gran interés por las quenas, o mejor dicho, en ellos suele darse solamente una competencia por precio, y no hay búsqueda de calidad. Los comerciantes intermediarios acuñaron el término de “tener vidriera” respecto a un producto, esto es, que luzca bien en un escaparate, y tenga un precio más bajo que lo que aparenta. Esto lógicamente origina una competencia por una estética, dejando el sonido en segundo o tercer término (total, piensan que las quenas “son todas iguales”). Yo te diría incluso que hasta la estética, en el sentido más puro de la palabra, está algo descuidada, en función de la apariencia. Hace años decidí no venderle quenas a casas de música, y recomiendo fuertemente a los músicos a no comprar en ellas, sino dirigirse a un luthier. Afortunadamente, no he necesitado nunca vender cantidad a bajo precio, que es el concepto de las casas de música, sino centrarme en la calidad. Incluso te diré, no seríamos buenos produciendo a bajo costo; para ello ya hay talleres o productores especializados en eso, muy abundantes por cierto en varias partes del mundo. La construcción de instrumentos de calidad implica métodos, diseño, procesos de producción controlados y optimizados … y los de baja calidad también! …pero son otros métodos. Por eso los buenos luthiers no suelen ser buenos productores de chafalonías, porque tienen su taller, su ingenio, su tiempo, su mente puesta en otra cosa. Por ello, la parte de la oferta controlada por las casas de música no se toca mucho con la parte, cada vez más grande, que le corresponde a los luthiers profesionales.

¿Cómo ha cambiado en los últimos años el mercado de las quenas?

Creo que, coherente con lo que dije antes, hay más aprecio por la calidad de una quena. Hace años, recuerdo, los instrumentos folklóricos se tomaban como venían, sin mucho cuestionamiento por su rendimiento, con una suerte de veneración ancestralista. Y con ello, se disculpaban gruesos errores de afinación o de terminación, considerándolos como parte de una tradición que el consumidor desconocía y pretendía respetar, o asumidos, cuando mucho, como una limitación  intrínseca del instrumento o su modo de construcción. Hoy se sabe bastante más qué pretender y como buscarlo, y así se ha ampliado el mercado de quenas de buena calidad. Con los años se fue estableciendo la diferencia entre lo que es un instrumento que se ejecuta en las comunidades, con una finalidad especificada por la tradición, y lo que es una quena con afinación temperada y ajustada al estándar de otros instrumentos. Lo que en un momento se denominó “quena criolla”, a diferencia de la quena tradicional, originaria. Pero este asunto creo da para todo un artículo.

[YouTube]     [Facebook]

 

 

Taimane

octubre 22, 2016

Martin Tallstrom

mayo 15, 2016

[Martin Tallstrom on YouTube]

Gran Duque

marzo 29, 2016

Granduke Ortega (EB2016)Gustavo Santaolalla confesaba su pasión por el ronroco, un charango de grandes dimensiones, por su mayor reverberación comparado con el hermano más pequeño y más conocido de la tradición sudamericana. Las cuerdas más largas producen un sonido más grave y duradero, que se agradece cuando se toca el instrumento con arpegios y punteos, en lugar de utilizar los golpes rápidos y rítmicos tan típicos en los instrumentos de cuerdas pequeños. Lo mismo pasa con el ukelele, instrumento que se ha merecido el nombre de “pulga que salta” gracias a sus ritmos brillantes y veloces. Los tamaños más estándares para el uke son cuatro.  La versión clásica, el pequeñín en plan pulga y él de muchas películas, es el soprano. Luego sigue el hermano más grande, el concierto (mi opción más habitual), y luego el tenor, todavía más grande, elección bastante frecuente entre profesionales y virtuosos. Y, finalmente, el hermano mayor, el Grand Uke de la familia: el barítono. En realidad las cuatro clases no son tan tajantes, hay tamaños intermedios y hasta híbridos entre ellos, con cuerpo de uno y mástil de otro. Como con el ronroco, el barítono siendo el más grande de la familia es el que tiene un sonido más suave y persistente. Confieso haber tenido cierto prejuicio antes de tocarlo pensando que, más que a un “gran ukelele”, se pareciese demasiado a una “pequeña guitarra”, es decir un instrumento a medias, ni carne ni pescado. He tenido que cambiar de idea: es probable que sea una perfecta síntesis de los dos, integrando aspectos positivos de ambos. Tiene la capacidad de vibración de una guitarra y una extensión de escala más que notable, pero la melancolía, la suavidad y la dulzura típica del ukelele. Se puede afinar como un ukelele o como una guitarra. Curiosamente, en ambos casos es bastante frecuente que se afine con la cuarta cuerda más baja (como en la guitarra) en lugar de más aguda (como el ukelele). Una pena, porque la famosa “cuarta re-entrante” es tan distintiva del sonido ukelele y caracteriza tanto sus sonoridades que si se las quitas rompes, en mi opinión, aquel fino equilibrio de mestizaje entre guitarra y ukelele, don inestimable del barítono. Nadie compite con la pequeña pulga soprano cuando hay ritmos de por medio, pero si en cambio hay que matizar el canto melancólico y profundo de una historia escrita entre notas, preguntad al mayor, que sabrá como ponerle voz.

***

Grand Uke es también el nombre de un increíble disco de Jake Shimabukuro, que sin embargo toca sobre todo el ukelele tenor. Aquí un tema escrito para ronroco, tocado con ukelele concert: Zenda.

Miski Takiy

marzo 20, 2016

La Historia de la Quena