Syncnestesia

noviembre 11, 2018

Seis músicos tocando en lugares diferentes y en momentos diferentes. Solos. Y luego la fusión, y la visión. Sonidos percibidos en formas y colores. Un “experimento audiovisual” de Víctor Perezagua y Area Martínez.

Víctor, que quiere decir “syncnestesia”?

Syncnestesia era el juego de palabras que describía a la perfección las dos partes de nuestro proyecto. De un lado, Sync, (sincronizar en inglés) se refiere a la única norma que pusimos: sincronizaríamos todos los instrumentos y lineas musicales. De otro, sinestesia se refiere a la “confusión” entre sentidos, o mejor dicho, las relaciones que puedan existir entre ellos. De esta forma, pudimos trabajar con el elemento común que unificaría todo esto: la improvisación. En el género de música Jazz, la improvisación es el mayor recurso expresivo junto con todos los elementos propios del estilo. La improvisación pone en comunicación directa a todos los músicos sin mediar palabra. En un escenario o un local de ensayo, deben saber entenderse para dejarse espacios, facilitarse las palabras y saber que responder ante las palabras musicales de su compañero. Entonces, ¿qué pasaría si les quitamos de ese privilegio? La idea nació de experimentar sobre el concepto de que, la comunicación podría no ser necesariamente directa, que una pieza musical improvisada podría funcionar si cada instrumento es grabado en lugares y momentos diferentes. También queríamos comprobar si esta comunicación era capaz de superar las fronteras musicales y contagiar otras artes. El termino sinestesia era perfecto porque se refiere a una asociación de una sensación asociada a un estimulo completamente diferente. De la misma forma que un olor determinados puede evocar recuerdos en una persona, ver la música nos parecía algo posible y muy romántico. Por ello, un ilustrador nos retrato cada instrumento por separado y luego, todos ellos juntos en una sola obra pictórica. La obra está concebida como experimento, y el documental Syncnestesia Jazz recoge el proceso de creación de la misma. No sabíamos sin íbamos a tener éxito o no, de hecho, no teníamos si quiera claro como identificar el error o el acierto al final del proceso, porque cada paso que dábamos era en si, una improvisación. Por ello, decidimos preguntar a otras tres personas externas, a parte de los músicos y el ilustrador implicados.

Donde aconsejas centrar la atención cuando vemos el documental?

En la primera parte del documental pedimos a cada músico que nos explicara unas pequeñas nociones de cada instrumento, así como a un periodista especializado que nos contase las historia de la música Jazz resumidamente. Es una vertiente didáctica que utilizamos para dar forma a la narrativa del documental, pero donde realmente se vuelve innovador es cuando empieza la música. Cada instrumento realiza una improvisación de la que mostramos los primeros segundos. A la tercera improvisación, es casi imposible no pensar que la pieza no va a funcionar al sincronizar todas las pistas, que se formaría un lodo denso, pero al escuchar el resultado, la pieza no solo funciona si no que en algunas ocasiones puede parecer que los músicos se tenían en frente grabándola a la vez, sobre todo al principio. Personalmente, lo más interesante de la obra, o al menos, con lo que yo disfruté más es con las expresiones de los músicos al reconocerse y reconociendo a sus compañeros. Algunos se conocían de haber compartido grupo y escenario, pero otros no, de hecho, ni siquiera de nombre. Provocamos esa situación incluyendo un Theremin, un instrumento completamente alejado del mundo del Jazz pero con un músico que conoce la improvisación magistralmente. La idea era crear esa pequeña confusión para hacerlo más difícil. Cuando tuvimos la pieza mezclada se la enseñamos a cada improvisador por separado mientras les grabábamos con una cámara oculta. La cara de sorpresa de algunos de ellos merece realmente la pena. La lectura de que el contexto es el elemento unificador de un grupo de personas que conocen el lenguaje es la idea con la que, personalmente, me quedé al terminar el proyecto.

One Note Fambro

febrero 4, 2017

Miche Fambro, increible voz, increible guitarra, zurdo, pero con las cuerdas diestras: los bajos, abajo. Impresionante. Os aconsejo echar un ojo a su canal de Youtube

Guitarrofónica

julio 30, 2013

Walter BeltramiGuitarra eléctrica, jazz, fusión, contaminación, disonancia, efectos, y control. Walter Beltrami ha estudiado en el Berklee College of Music y se ha diplomado en performance jazz y pedagogía musical al Conservatorio de Lucerna. Ha estudiado con Mick Goodrick, Ed Tomassi, Kurt Rosenwinkel, Frank Moebus, Christy Doran, participando en workshop con músicos como Dave Liebman, Pat Metheny, Pat Martino, George Duke, Scott Henderson, o Mike Stern. Ha grabado hasta la fecha cinco discos y tocado, entre los otros, con Jim Black, Vincent Courtois, Stomu Takeishi, Giovanni Falzone, Markku Ounaskari, Claudio Puntin, Fausto Beccalossi, Giovanni Guidi, Francesco Bearzatti, participando en giras en Italia, España, Alemania, Suiza, y Estados Unidos. Nos cuenta su guitarra …

Que es lo que más ha caracterizado tu forma de tocar la guitarra?

Después de un primer largo periodo obligado y dedicado al estudio de la técnica y del instrumento, todo lo que … no pertenece al mundo de la guitarra: saxo y piano han sido los instrumentos que más han influido sobre mi, en principio. El primero para la fluidez de las frases, el segundo para el uso del contrapunto en la armonía. He intentado reproducir lo que más me gustaba de estos instrumentos con la guitarra. Después ha llegado la electrónica y cierto tipo de experimentación sonora, que hoy en día es muy al alcance de todos gracias a las nuevas tecnologías, empezando por los loopers, y solo puede enriquecer las potencialidades expresivas de este instrumento que ya es bastante rico.

Cuáles son los campos más interesantes por explorar hoy en día para un guitarrista?

Es difícil de decir y seguramente es una elección individual. Yo diría de todas formas que hoy la guitarra eléctrica es quizás el instrumento “del futuro” que ha demostrado tener una voz distinguida y una notable personalidad prácticamente en cada género musical. Y nunca como ahora muchos guitarristas son considerados entre los compositores más interesantes en el panorama. Es un buen momento para los guitarristas, y la tecnología – cuando se use como valor añadido y no como truco – garantiza mucho entretenimiento y nuevas posibilidades expresivas.

Cuales las necesidades y los problemas de quien decide dedicarse a la guitarra de forma profesional?

Creo que hoy un guitarrista – y a lo mejor cualquiera instrumentista – necesite ser “omnívoro”, escuchar, aprender y metabolizar los fundamentos de cada género musical, sin prejuicios. E intentar desarrollar una síntesis propia. La música es siempre menos clasificable, y para un joven guitarrista hoy existen muchísimos instrumentos que solo eran una utopía cuando yo era un chaval. Posibilidades ilimitadas y al mismo tiempo siempre más oferta y competitividad. Es cierto que se necesita mucha tenacidad, aplicación y una gran fuerza de voluntad, pero creo que siempre al final compensa.

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En estos días sale el nuevo disco de Walter Beltrami, “Kernel Panic”, una continuación de las sonoridades del precedente “Paroxysmal Postural Vertigo“.

Jam!

diciembre 10, 2010

En un mundo masificado y masificador como el nuestro “actividad de interés cultural” quiere decir “actividad rentable y de evidente provecho económico”. Se puede hacer una excepción para ciertas actividades donde a corto plazo no se gana pasta pero sí se pueden ganar electores, y la pasta entonces se saca luego. “Actividades de interés cultural” son el fútbol y sus pantallas, los grandes hermanos, el cotilleo organizado, o la tradicional carnaza masculina y femenina siempre buenas para “dar cuerpo” a un escenario o a una de las muchas obras de neorealismo suburbano. Pasta y votos se sacan de la multitud. Desgraciadamente, hay una muy bien conocida relación inversa entre cantidad y calidad: cuantos más, cuanto peor. Así que, a nivel de administración y gestión institucional, a menudo si una manifestación artística es sincera, espontanea, y emocional, si es algo que tiene matices de real valor histórico o social, si necesita una componente de pensamiento o de instrucción, o si ayuda a pensar, instruir, formar, o informar, pues entonces tiene cierta probabilidad de no caber dentro del cajón de las “actividades de interés cultural”. La cultura se supone estar “más allá” del nivel común, porque para tirar adelante hay que estar adelante, invitando a seguir un camino. En cambio, la economía se funda sobre lo ya conocido, la gente compra lo que ya conoce o lo que piensa conocer, lo que ya se espera, lo que ya entiende, o hasta mejor lo que no necesita ser entendido. El resultado no tiene misterio, y la ecuación funesta lleva a soluciones descerebrantes. Bueno, no pasa nada, para los otros, tranquilos, hay rentabilidad a todos los niveles, vosotros llevad los instrumentos, partituras y espíritu de improvisación, y adelante …  “nos vemos en los bares”!