Entrequenas

febrero 6, 2017

angel-sampedro-2016b Ángel Sampedro del Río es constructor de instrumentos de bambú desde 1985, es especializado en acústica aplicada a instrumentos musicales, e investiga el origen y las propriedades  de la madera desde un punto de vista botánico y funcional. Es miembro y ha sido directivo de la Asociación Argentina de Luthiers, y es co-organizador de la exposición Luthería en Buenos Aires. Hace unos cuantos años (2010) nos habló del papel del luthier. Ahora, en una larga entrevista nos confiesa algunos detalles del … mercado de las quenas!

¿Qué características tiene el mercado de la quena hoy en día?

La quena es un instrumento por un lado versátil, por otro muy transportable y, además, remite a muchas personas a lo ancestral, a poder palpar los orígenes de la música (reales o presuntos) en su propia experiencia. Por ello, el mercado de la quena es bastante variado. También lo es, o lo está siendo, su variedad y modelos. Podríamos decir que el mercado y sus gustos han ido evolucionando, en lo que hace a músicos que pretenden hacer uso de la quena – ya que, como imaginan, también hay un mercado de las quenas de adorno, que se compran como regionales, que no voy a detallar. Sobre el mercado de la quena, existen distintas vertientes. Una importante, que se da también con otros instrumentos pero en la quena se manifiesta especialmente, es el hecho de que un músico tiene varios ejemplares. Esto excede el concepto de coleccionismo (que también existe, claro), y está justificado en la acústica y práctica de ejecución del instrumento. Considera que, a diferencia de otros vientos, la quena está muy poco estandarizada. Toda una gama de diferentes tamaños, escotaduras y biseles, espesores de pared, tamaño de agujeros. Si a esto le sumas las distintas tonalidades, y el precio relativamente bajo del instrumento, bueno, es normal que un solo músico tenga una buena variedad de quenas.

Entonces pocos quenistas pero con muchas quenas …

Sí, algo así, pero también hay muchos músicos de otras especialidades que quieren tener una quena, ya sea para uso profesional, o para tocar en sus ratos libres, o para viajar de vacaciones sin cargar otro instrumento más voluminoso y frágil. Esto abre todo un abanico, pero podría resumir en que dependiendo la seriedad y el compromiso del músico con su propio instrumento, termina eligiendo una quena de buena calidad. Esto es porque el músico avezado comprende y conoce que un buen instrumento te ayuda a ejecutarlo y desarrollarlo. Pocos o ningún músico va a ir a una casa de regionales a comprar una quena barata, de adorno, para probar, porque entiende que en realidad no está probando un instrumento, sino un adorno. El músico, ya sea guitarrista, vientista, bajista, percusionista, sabe valorar un buen instrumento y un buen fabricante, aunque aún no conozca sus pormenores. Los luthiers trabajamos mucho con este rubro de músicos no especializados en aerófonos folklóricos, y es tal vez con quienes más dialogamos, porque también hacen las mejores preguntas y nos obligan a pensar en nuestros instrumentos desde otro lado.

¿Y otras facetas más específicas del negocio?

Está el mercado dado por la sustitución de instrumento o por reparaciones. La quena es un instrumento bastante fácil de cuidar, y relativamente resistente, pero a veces nos confiamos de ello y termina por ahí, en un ensayo o grabación, o en un fogón. Y créeme, los peores enemigos de las quenas resultaron los perros y las sillas. ¿Cómo? Bueno, pues ya tuve varias decenas de reportes de quenistas que vienen y me dicen que necesitan reponer su quena, porque la agarró el perro (ya sea propio, del vecino, de la pareja). Y las sillas … pues no es la silla en sí quien atenta contra el instrumento y su vida útil, sino su uso indebido. Recuerdo un constructor de flautas irlandés que decía “las sillas son para sentarse, no para apoyar flautas”. Cuando tienes varias quenas que vas cambiando, las dejas donde te parece cómodo. Una silla vacía se ve como un espacio neutro, inocente; está justo a la altura para apoyarla y volver a tomarla cuando necesites. Pero quien se sienta puede no estar mirando lo que hay apoyado, y ¡crack! Los sofás son más sofisticados: bajaron su altura para que el cuerpo de quien se sienta haya tomado más aceleración, y con ello una rotura más eficiente; y además se valen de almohadones para camuflar las quenas y hacerlas víctimas más fáciles. Hay un gran número de quenistas que vienen al taller con su instrumento dañado o destruido por esta causa. Por caso, la sustitución de la quena es algo relativamente sencillo, pero a veces el músico quiere esa misma quena, reparada. No importa si es más caro que una nueva. Para ello, el luthier que se precie debe desarrollar técnicas de reparación y restauración; imprescindible para ello conocer muy bien el bambú (o las maderas) y su dinámica y comportamiento en el tiempo, y con los adhesivos, las lacas, etc.

¿Qué tal el negocio de la quena en las tiendas de música?

Es bastante curioso el hecho de que las tiendas dedicadas a instrumentos musicales no muestren gran interés por las quenas, o mejor dicho, en ellos suele darse solamente una competencia por precio, y no hay búsqueda de calidad. Los comerciantes intermediarios acuñaron el término de “tener vidriera” respecto a un producto, esto es, que luzca bien en un escaparate, y tenga un precio más bajo que lo que aparenta. Esto lógicamente origina una competencia por una estética, dejando el sonido en segundo o tercer término (total, piensan que las quenas “son todas iguales”). Yo te diría incluso que hasta la estética, en el sentido más puro de la palabra, está algo descuidada, en función de la apariencia. Hace años decidí no venderle quenas a casas de música, y recomiendo fuertemente a los músicos a no comprar en ellas, sino dirigirse a un luthier. Afortunadamente, no he necesitado nunca vender cantidad a bajo precio, que es el concepto de las casas de música, sino centrarme en la calidad. Incluso te diré, no seríamos buenos produciendo a bajo costo; para ello ya hay talleres o productores especializados en eso, muy abundantes por cierto en varias partes del mundo. La construcción de instrumentos de calidad implica métodos, diseño, procesos de producción controlados y optimizados … y los de baja calidad también! …pero son otros métodos. Por eso los buenos luthiers no suelen ser buenos productores de chafalonías, porque tienen su taller, su ingenio, su tiempo, su mente puesta en otra cosa. Por ello, la parte de la oferta controlada por las casas de música no se toca mucho con la parte, cada vez más grande, que le corresponde a los luthiers profesionales.

¿Cómo ha cambiado en los últimos años el mercado de las quenas?

Creo que, coherente con lo que dije antes, hay más aprecio por la calidad de una quena. Hace años, recuerdo, los instrumentos folklóricos se tomaban como venían, sin mucho cuestionamiento por su rendimiento, con una suerte de veneración ancestralista. Y con ello, se disculpaban gruesos errores de afinación o de terminación, considerándolos como parte de una tradición que el consumidor desconocía y pretendía respetar, o asumidos, cuando mucho, como una limitación  intrínseca del instrumento o su modo de construcción. Hoy se sabe bastante más qué pretender y como buscarlo, y así se ha ampliado el mercado de quenas de buena calidad. Con los años se fue estableciendo la diferencia entre lo que es un instrumento que se ejecuta en las comunidades, con una finalidad especificada por la tradición, y lo que es una quena con afinación temperada y ajustada al estándar de otros instrumentos. Lo que en un momento se denominó “quena criolla”, a diferencia de la quena tradicional, originaria. Pero este asunto creo da para todo un artículo.

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Tener madera

noviembre 29, 2010

La música está íntimamente asociada a la madera. Percusiones, vientos, cuerdas, tienen sus raíces en las raíces. La madera como recurso técnico, pero también como interfaz entre un ser humano en busca de placer acústico y su entorno natural. El lutier (o luthier) en este sentido es un sacerdote, un chamán, el sabio que sabe transformar la madera en sonido. Ángel Sampedro del Río transforma madera desde veinticinco años, mezclando el folclore suramericano con influencias ajenas antiguas y modernas. Y con la Asociación Argentina de Luthiers cuenta las historias de estas culturas a través de sus instrumentos. En éste caso nos lo cuenta directamente, en viva voz digital.

¿Como definirías el trabajo del luthier, su papel, sus responsabilidades, sus peculiaridades?

El luthier es el constructor de herramientas con que trabaja el artista, que es el músico. Discutiríamos luego si la luthería es un arte, una técnica, o una combinación de ambas. Dos vías son indispensables en su labor, que conviven y se alimentan mutuamente: la creatividad, que lleva a hacer instrumentos nuevos y mejores, y la opinión del músico. La mayoría de las veces, el luthier crea su instrumento, y el músico es quien lo evalúa y aprovecha sus avances. A veces, el músico te plantea una necesidad, y es el luthier quien en base a su experiencia y dominio de los materiales y técnicas, trata de plasmar la misma en un instrumento. La crítica del músico resulta indispensable para el desarrollo de la luthería. Esa crítica debe ser interpretada y traducida al lenguaje de la técnica constructiva y plasmada en un resultado nuevo. Muchas veces el músico sabe lo que quiere, pero no puede expresarlos en términos técnicos, o no conoce los alcances y limitaciones reales de un instrumento. Ahí está el luthier, para interpretar y acercar lo más posible al ideal.

¿Como ha cambiado este papel en los últimos años, con la era digital, los comercios multinacionales, y las integraciones multiculturales?

La Internet nos dio acceso a un cúmulo de información, y con ello nos alejó de ese anticuado concepto de que la luthería es un oficio mágico, que está por desaparecer, y que reúne secretos propios de una logia. La Asociación Argentina de Luthiers trabajó desde el principio en esa desmitificación. Es importante destacar que cada instrumento de autor es único, y que cada músico es único. Esto diferencia a la luthería de autor de la construcción de instrumentos masiva, en serie. En general, las fábricas toman un resultado que estadísticamente resulte bien, y lo imponen por medio del marketing – por ejemplo, mostrando músicos famosos que usan la marca. Se crea una ilusión, al igual que el resto de los productos del mercado, que uno puede llegar a ser como su ídolo a partir de consumir la misma marca. La realidad muestra que lo realmente creativo y exitoso es desarrollar las propias potencialidades, no imitar las ya desarrolladas por otros. Estas pueden servir de guía, generar incentivos, pero no ser el objetivo final de un músico. Por ejemplo, yo me maravillo del sonido y ejecución de Uña Ramos, pero ya no me asombraré de otro músico que toque “igual que el Uña”. Tal vez, a veces sí pueden estos ser objetivos parciales, en una tarea de aprendizaje hacia el lenguaje propio. El oficio de luthier se desarrolla por interacciones: con músicos y con otros Luthiers. Otra vez, no es ideal tratar de imitar los desarrollos de los colegas, ya que no pasarás de eso, la imitación. Sí, como decía antes, el estudiar el camino recorrido y los avances logrados por otros pueden nutrir el oficio. Y siempre habrá una diferencia entre lo hecho a mano y lo hecho en serie. No significa esto negar los avances de la industria moderna y sus procesos. Acá se plantea un límite, que es que la potencialidad de la industria normalmente se orienta a elaborar productos al menor costo posible, tratando de mantener el nivel de conformidad del cliente. La publicidad manipula ese límite de conformidad. Existen también marcas serias, cuyo estándar está muy por arriba, como también sus precios, por supuesto. El trabajo de luthier no es garantía de calidad; como en todo, los hay más o menos responsables y comprometidos con su trabajo. No hay nada que el hombre no pueda hacer peor y más barato. Pero sin dudas, el nicho de mercado que le corresponde al constructor artesanal es el de excelencia, ya que en los otros, en general, pierde por goleada contra la producción masiva. Así, ¿Qué industria te va a producir tal flauta en tal escala a pedido, o tal bajo con tal distribución de peso? El luthier es, aprovechando el neologismo, un “customizador”, un productor casi personalizado. La reparación, la restauración, y en algunos casos la mejora de instrumentos son también tareas propias de Luthiers. En este punto, se pretende que el artesano comprenda todo el proceso de funcionamiento del instrumento, no que se limite a tapar una rajadura, enzapatillar una flauta o calibrar una eléctrica. Si bien estas son tareas usuales, siempre las realizará mejor quien mejor conozca el instrumento en su totalidad.

¿Cuales los principales objetivos de la  Asociación Argentina de Luthiers, y cuales los métodos para alcanzarlos?

Distinguir entre el instrumento de autor y el instrumento de fábrica, y así concientizar al músico acerca de las ventajas de calidad de un instrumento de luthería. El instrumento de autor no será más barato, sino será de más calidad y más adecuado al usuario.  La Asociación realiza una exposición al año, Luthería en Buenos Aires, de la cual participan exponiendo y vendiendo la mayoría de sus miembros activos. La Asociación, única en su tipo por lo que sabemos, reúne constructores y reparadores de instrumentos de todas las áreas. Esto hace atender muy distintas cuestiones y pormenores. Por ejemplo, en instrumentos como los que yo construyo, lo normal es el instrumento artesanal, y ahí el tema es trabajar por la calidad contra la chapucería – y a veces, contra las factorías manuales de bajo nivel y mano de obra semi esclava. En las guitarras y bajos eléctricos, la cuestión es diferenciarse de la producción industrial masiva. En instrumentos como los bronces, u otros en los que no hay constructores artesanales en Argentina, el trabajo se centra más en la reparación y el mantenimiento. A través de la acción, se ha logrado cumplir el objetivo de difundir la luthería en Argentina, y se sigue trabajando en eso.  Pero el objetivo central es el primero, el de hacer conocer la calidad diferencial de nuestro arte. Es una tarea permanente, tanto en los músicos jóvenes como en los experimentados. Es de notar también que varios Luthiers de la Asociación destinan una parte importante de su producción al exterior, dónde existe un nicho más desarrollado para instrumentos de alta gama.

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Ángel Sampedro trabaja sobre todo en instrumentos de viento, asì como otros trabajan en instrumentos distintos (entre los muchos Daniel Fernández y Mariano Maese, bajos y guitarras eléctricas; Julio Malarino y Esteban González, guitarras clásicas; Jorge Espinosa, charangos; Froilán González, bombos; Leopoldo Pérez Robledo, teclados antiguos). Ángel, chamán de la madera, es también padre de mis quenas … Os aconsejo un vistazo a su “taller digital”, para darse cuenta de cómo un ser humano pueda convencer a un árbol en seguir sus esquemas y sus necesidades …