Tsimane

julio 31, 2016

Tsimane_2016

La etología humana, que estudia las bases del comportamiento natural en las poblaciones de nuestra especie, está particularmente interesada en los comportamientos “universales”. Un comportamiento es universal cuando lo encuentras en cualquiera población, de diferentes culturas o en diferentes áreas geográficas. Si un comportamiento no depende de la cultura de un pueblo, quiere decir que es algo que tiene sus raíces directamente en nuestra intima naturaleza y, por ende, probablemente es el fruto de un largo proceso de evolución y selección. La música es un factor común a todas las poblaciones y a todas las sociedades humanas, y los antropólogos siempre se han preguntado en que medida sus patrones y sus esquemas puedan ser el fruto de la exposición a ciertas influencias culturales, o si en cambio se desarrollan por reglas que están escritas directamente en nuestras neuronas y en nuestras capacidades biológicas y evolutivas. Este mes se ha publicado un estudio sobre la percepción de intervalos musicales consonantes y disonantes en una población amazónica boliviana que no ha tenido ninguna influencia de la música occidental, los Tsimane (Chimane). Hay dos resultados principales. Primero, los Tsimane no tienen los mismos gustos musicales de las poblaciones occidentales o de las poblaciones bolivianas con influencias occidentales. El estudio ofrece una panorámica muy interesante sobre el tipo de acordes e intervalos que nos agradan y los que no, y desde luego a los Tsimane todo esto ni les va ni les viene. Es que (y aquí va el segundo punto) a los Tsimane les da igual. Consonante o disonante, no es que tengan otras preferencias, es que no las tienen. Les suena todo igual, ni bueno ni malo. Y aquí hay un tema cultural: la música tradicional Tsimane no tiene acordes (armonía), y solo se basa en sucesiones de notas (melodía). Desde luego esto no elimina la importancia de la biología en nuestras percepciones y en nuestros gustos musicales. Es probable que la biología (y los procesos evolutivos) de hecho moldeen nuestras capacidades y orienten nuestras elecciones hacia algunos patrones armónicos, rítmicos, y melódicos, en función de esquemas que juegan con la fisiología de nuestros sentidos, con los códigos de nuestras neuronas y con la matemática de las ondas sonoras. Pero las flautas Tsimane nos confirman un papel importante del entrenamiento sensorial y de la cultura: no somos programas cerrados, no somos seres aislados, somos y pensamos y sentimos como parte de nuestro ambiente, somos el resultado de una integración entre nuestra larga historia evolutiva y nuestra breve pero intensa historia personal.

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Aquí el articulo original, un comentario en inglés en la revista Nature, y un comentario en español en Investigación y Ciencia. Y aquí el articulo del año pasado sobre música y ciencia.

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Think Uke

febrero 12, 2014

Lanikai Emi 2014Las características musicales del ukelele no llevan a preguntarse por qué en los últimos años este instrumento haya tenido tanto éxito, sino por qué no lo haya tenido siempre y de forma continuada. Portátil, barato, adecuado a cualquier género musical. Y, mientras que uno espera desarrollar virguerías, cumple de forma excelente con cualquier nivel básico, permitiendo disfrute y arte a cualquier novato. Como guitarrista no puedo no preguntarme acerca de las diferencias principales, en el sentir y en el ejecutar, entre un instrumento grande de seis cuerdas y uno pequeño de cuatro. Y de estas diferencias a bote pronto encuentro por lo menos dos. Primero, teniendo menos recursos armónicos, el ukelele potencia los recursos rítmicos. Así que te encuentras con un instrumento que es cuerda y percusión a la vez. Segundo, desarrollando armonías con menos posibilidades, las combinaciones son menos, y esto tiene una consecuencia: una cierta liberación de los esquemas estándar de la estructura armónica. Necesariamente (y con ventajas indiscutibles) hemos desarrollado muchas reglas para entender, aprender, y comunicar armonía. Códigos, escritos y conceptuales, para construir acordes y darles nombres. Todo esto proporciona una teoría armónica fundamental, extremamente necesaria y efectiva. La desventaja es una cierta “canalización” de las posibilidades, una rigidez que puede limitar la expresión dentro de cánones que al fin y al cabo no son necesariamente fijos. Es decir, poner cuadriculas sirve para organizar las cosas, pero luego puede llegar a limitar si uno se agarra demasiado a ellas. Con “solo” cuatro notas, las combinaciones armónicas (acordes) son menos categóricas, si comparamos las posibilidades por ejemplo con una guitarra (hasta seis cuerdas) o con un piano (hasta diez dedos). Una misma combinación de hecho puede corresponder a diferentes “códigos”, es decir el mismo acorde puede pertenecer a una escala o a otra, y leerse de forma diferente a pesar de sonar igual. Esta parcial relajación de las normas de convenciones te lleva automáticamente a desengancharte en parte de ellas, siguiendo menos los cánones y más la música, el sonido, la experimentación, la búsqueda de alternativas. No importa como se llame un acorde, sino como suena. Ojo, que todo esto vale también para una guitarra y para un piano, solo que teniendo estos instrumentos más recursos melódicos te “vician” más. En cambio en el ukelele, con solo cuatro cuerdas, salir de la cuadricula es más fácil, más necesario, y muy muy provechoso. Ignoro si estos dos puntos son algo personal y subjetivo, o bien factores intrínsecos de este instrumento. Pero creo sean claves que, quizás aunque solo para una cuestión de grado más que de una real diferencia, moldean la percepción y la sensación de un guitarrista que de repente se encuentra tocando un ukelele. El resultado: en lugar de estar pendiente del instrumento, es el instrumento que está pendiente de ti. No eres tú que lo tocas, sino él que te acompaña.