El fantasma de Gardel

noviembre 10, 2013

La muerte de GardelLos orígenes del tango ya se remontan a hace un siglo, los tiempos cambian, y la historia moldea íconos y recuerdos. Las milongas a veces parecen burbujas del tiempo, donde se reviven modelos y estereotipos de un mundo que, fuera de sus puertas, ya no está. Esto por un lado crea una situación irreal, por el otro aleja a todos los que buscan vivir un tango según perspectivas más presentes y modernas. El tango no es un baile, es una cultura. Y las culturas evolucionan. Tienen que hacerlo, de otra forma se extinguen. Sin embargo, el mundillo del tango a menudo presenta una alternativa estática y anacrónica, donde pequeñas élites elegidas por si mismas se autocelebran guardianes de mitos que saben más a culto que a cultura. Se confunde el valor de la tradición y de las raíces con la importancia de la actualidad. Los que nos dicen que el único y verdadero tango es el tango de los inolvidables años cuarenta, tendrían que ir por ahí con una maleta de cartón y una navaja en el bolsillo, para cumplir coherentemente con este afán de representar un tiempo que no han ni siquiera llegado a conocer. Confunden la melancolía del tango con la nostalgia de un pasado que ni siquiera han llegado a vivir.  Congelar un proceso cultural en una etapa que ha pasado desde más de medio siglo para luego poder vivir de iconos quiere decir destinar aquella cultura al olvido. Hacerlo desde un podio postizo pintado de soberbia, sin reconocer con humildad la dignidad de las alternativas y de las diferentes necesidades, es encima egoísta y poco respetuoso. Si Gardel hoy en día estuviese vivo, pues … tendría más de 120 años, lo cual haría de él un caso por lo menos curioso. Pero se murió en un accidente de avión en los años treinta. Desde entonces han ocurrido muchas cosas, y el mundo mucho ha cambiado. Dejamos que su espíritu descanse en paz, mientras que nosotros llevamos adelante algo que, por aquel entonces, sólo acababa de empezar.

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Azultango

octubre 15, 2010

Los primeros son negros, y viajan desde el sur del antiguo mundo hasta el norte del nuevo por la fuerza de la violencia. Los segundos son blancos, y viajan desde el norte del antiguo mundo hasta el sur del nuevo por la fuerza de la desesperación. Ambos se hubieran quedado en sus casas, ambos están obligados a dejarlas. Pues se llevan sus tradiciones, sus recuerdos, y por supuesto sus instrumentos. Los africanos que acaban en el norte cantan en chabolas la melancolía y la tristeza de no tener nada sino recuerdos y brazos para trabajar. Los europeos que acaban en el sur cantan en chabolas la melancolía y la tristeza del destierro y del olvido. Cuerdas al norte, fuelles al sur, y trabajo. El blues y el tango son dos extremos de un círculo. La misma palabra tango tiene su origen mas probable de las fiestas sureñas de los negros, y unas raíces candomberas rematan el eje común de emociones originarias. Y aunque con miles de kilómetros de distancia, en ambos casos música es fiesta, y el día de fiesta requiere la mejor corbata y un digno sombrero, sea en un campo de algodón, sea en un arrabal porteño. Y claro, cada moneda tiene dos caras. El tango siempre se tiñe de rojo, y el blues se moja de azul. Gardel se pinta los ojos para llegar adentro con su mirada, y Johnny Lee Hooker los esconde detrás de un muro de cristal negro para que no se le vea el alma.  El Misisipi se lleva cantos de trabajo, el Rio de la Plata se lleva cantos de amor. Pero la moneda es la misma, y sirve para pagar la dicha de estar triste.