Infinito

marzo 3, 2011

Qué tienen en común un espía rusa y un aborigen australiano. Muy poco. El primero estaba interesado en que un sonido acoplado a un campo electromagnético cambiaba de intensidad y frecuencia cuando se alteraba el campo con cualquier otro cuerpo, incluida una mano. El segundo se fijó en que soplando en un tronco de árbol vacío y haciéndolo entrar en resonancia se podía seleccionar armónicos variando la conformación de boca, labios, garganta, o lengua. Y es así que una espía rusa se encuentra con un aborigen australiano a viajar y explorar las posibilidades de la modulación sonora. Y era el destino que el theremin iba a encontrar el didgeridoo, antes o después. Dos formas de experimentar sonido que así tanto tienen en común, a pesar de un origen tan diferente y lejano. Ya son años que los dos instrumentos se acercan, explorando juntos probables puntos de contacto, buscándose con curiosidad. Y ésta semana Andrea Ferroni y Lord Theremin cuelgan en la red un concierto en vivo, Mitumba, donde las frecuencias de los dos instrumentos se cruzan y se mezclan en un laberinto de vibraciones y resonancias. Aunque ambos instrumentos se utilicen hoy en día para muchos estilos y géneros musicales, está claro que a la vez de encontrarse se potencian y se desarrollan más sus componentes psicodélicas, generando un viaje acústico de ondas y armónicos donde quien escucha casi es arrastrado por la corriente, y …  naufragar me es dulce en este mar.

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