La milonga más triste que nunca haya sido cantada, es la Milonga Triste. Una tristeza completa, sin esperanza y sin salida, melancolía infinita e infinitamente romántica, abandono total a la derrota, el placer de hundir en una emoción tan completa como devastadora. Sebastian Piana puso la música, y ya es mucho. Mercedes Simone puso la cara, por lo menos en sus tiempos. Pero el gran culpable es  Homero Manzi, el increíble Homero Manzi, el mismo culpable que en Malena o en Sur hizo que, como muchos otros letristas de tango, “a la gente le duela su dolor”. Muchos son los que luego han empeorado la situación, cargando más las tintas hasta dejar que ésta melodía te traspase el cuerpo cada vez un poco más. Hasta llegar a Hugo Díaz, el siempre más grande Hugo Díaz, que llora su milonga triste dentro del lamento de su armónica. Total, poco recomendable tocar este tema en público, si eres un poco sensible, y no tienes gafas de sol. La muerte de la amada. Quizás un amor no devuelto, pero siempre amor. Ausencia, y el sonar de las campanas. La luna se cae en el agua, y las estrellas se quedan solas. No queda duda, en las letras como en los libros, que la milonga triste canta la muerte del ser querido que daba luz a la vida. Ahora, hay matices. Un beso que se enfrenta a una mano que castiga, y un camino de vuelta solitario. Y remordimiento, después de haber querido su rubor, en un sendero. Los ojos negros se cierran, de forma imprevisible y rápida, y sin dar demasiadas explicaciones. El amor todo lo puede, la vida como la muerte. No es necesario interpretarlo todo, no vamos a saber que pasó en aquel sendero donde un beso encontró castigo, y que vio a un hombre volver solo. Pero queda la duda que no sea el canto de un amor por una muerte, sino de una muerte por un amor. No es necesario interpretarlo todo también porque hoy en día, en plena reglamentación moral (a menudo integrista y un pelín de fachada), hay temas que se echan al destierro y al olvido, porque lo que es malo ni se puede mencionar. Dejando aparte interpretaciones a lo mejor mas difíciles de sostener (también se ha propuesto que trenzas y delantal puedan ser los de una madre), queda la duda de que la tristeza de la milonga triste sea tan dura y completa, porque lleva en sí misma no solamente la desdicha de la soledad, sino también la maldición de una culpa.

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Gracias a Eduardo Vigo para llamar la atención sobre las posibles diferentes interpretaciones de estas letras.

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Victor Hugo

octubre 25, 2010

Un niño se queda mirando a  los chavales del barrio jugando con una pelota de trapo. Mal día. La pelota le golpea la cara, y el niño, a sus cinco años, se queda ciego. Por un año y medio. Un año y medio de oscuridad para un niño así pequeño es mucho tiempo. A oscuras, por un año y medio, en su habitación, con un juguete que le regalan, uno de estos cacharros que le gustan a los niños porque hacen ruido, se sopla dentro y un conjunto de chapitas de metal producen un sonido que parece un grito: una armónica. Pues entonces el niño sopla, y grita con su armónica, dentro de su armónica. Después de año y medio recupera la vista, pero ya está, el niño ha aprendido a gritar con su armónica, a sacar lo que tiene dentro a través de la vibración de su juguete, sacarlo desde la oscuridad y gritarlo al mundo, y no piensa dejarlo, nunca más. Victor Hugo Díaz estrena su talento poco después, en la radio de Santiago del Estero, con solo nueve años de edad. El grande Hugo Díaz. La música folclórica argentina y suramericana, y luego el tango, y luego el jazz. El Sudamérica le entrega su dote cultural y artística, más tarde Europa le ofrece un camino para evolucionarla. El máximo nivel de expresión emocional en el tango, a través de una armónica, el instrumento príncipe del blues. El grande Hugo Díaz, el hombre de los Cuatro Vientos. Una vida increíble, y una muerte conforme a los cincuenta años, tocando su ultima curda. Aconsejo tranquilidad, desde luego cascos que permitan disfrutar de los detalles, y “nostalgias”, para escuchar como un hombre-niño puede llorar dentro de una armónica.