Azultango

octubre 15, 2010

Los primeros son negros, y viajan desde el sur del antiguo mundo hasta el norte del nuevo por la fuerza de la violencia. Los segundos son blancos, y viajan desde el norte del antiguo mundo hasta el sur del nuevo por la fuerza de la desesperación. Ambos se hubieran quedado en sus casas, ambos están obligados a dejarlas. Pues se llevan sus tradiciones, sus recuerdos, y por supuesto sus instrumentos. Los africanos que acaban en el norte cantan en chabolas la melancolía y la tristeza de no tener nada sino recuerdos y brazos para trabajar. Los europeos que acaban en el sur cantan en chabolas la melancolía y la tristeza del destierro y del olvido. Cuerdas al norte, fuelles al sur, y trabajo. El blues y el tango son dos extremos de un círculo. La misma palabra tango tiene su origen mas probable de las fiestas sureñas de los negros, y unas raíces candomberas rematan el eje común de emociones originarias. Y aunque con miles de kilómetros de distancia, en ambos casos música es fiesta, y el día de fiesta requiere la mejor corbata y un digno sombrero, sea en un campo de algodón, sea en un arrabal porteño. Y claro, cada moneda tiene dos caras. El tango siempre se tiñe de rojo, y el blues se moja de azul. Gardel se pinta los ojos para llegar adentro con su mirada, y Johnny Lee Hooker los esconde detrás de un muro de cristal negro para que no se le vea el alma.  El Misisipi se lleva cantos de trabajo, el Rio de la Plata se lleva cantos de amor. Pero la moneda es la misma, y sirve para pagar la dicha de estar triste.

 

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