Érase una vez en América

febrero 25, 2019

Como todos los emigrantes, los europeos zarparon hacía el Norte de América llevando consigo recuerdos, esperanzas, e instrumentos musicales. Irlandeses y escoceses sembraron su folclore en la Carolina del Norte (scoth-irish folk), los franceses en Luisiana (cajun), y la cultura hispana se desarrolló en Tejas (tex-mex). Trescientos años de historias, de mezclas, de viajes y de destierros, de logros y de sufrimientos, con los Apalaches recibiendo a los barcos cargados de sueños y tradiciones. Mariano de Simone nos ha contado todo esto a lo largo de toda su vida. Se ha dedicado a la investigación de las raíces musicales de los europeos en Estados Unidos, a los aspectos culturales e instrumentales, a los trasfondos históricos y sociales. El banjo, en primer lugar, su banjo, pero también la guitarra, el violín, el salterio o el autoarpa. Descubriendo, tocando, enseñando, compartiendo. Las escuelas de música popular de Roma, el Folkstudio. Unos cuantos discos y una decena de libros, las revistas de música, películas. Y los bailes de grupo, los bailes de la tradición norteamericana, que enseñaba a la gente en los círculos sociales, sentado en su silla de ruedas. Adelante Mariano, ya no hay silla ni muletas, solo quedan las notas y los acordes, las danzas y los momentos, y una historia más, la de un hombre que, con su banjo y sus canciones, ahora puede disfrutar de aquel camino, ahí por el canal del Erie.

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Harold Bradley y Mariano de Simone, 2008