Música y cerebro

febrero 15, 2017

Una tertulia nocturna sobre música y cerebro, organizada por Rubén Casado con Antoni Bulbena para el podcast y vídeoblog  “La Teoría de la Mente” …

https://www.ivoox.com/13320765

 

Tsimane

julio 31, 2016

Tsimane_2016

La etología humana, que estudia las bases del comportamiento natural en las poblaciones de nuestra especie, está particularmente interesada en los comportamientos “universales”. Un comportamiento es universal cuando lo encuentras en cualquiera población, de diferentes culturas o en diferentes áreas geográficas. Si un comportamiento no depende de la cultura de un pueblo, quiere decir que es algo que tiene sus raíces directamente en nuestra intima naturaleza y, por ende, probablemente es el fruto de un largo proceso de evolución y selección. La música es un factor común a todas las poblaciones y a todas las sociedades humanas, y los antropólogos siempre se han preguntado en que medida sus patrones y sus esquemas puedan ser el fruto de la exposición a ciertas influencias culturales, o si en cambio se desarrollan por reglas que están escritas directamente en nuestras neuronas y en nuestras capacidades biológicas y evolutivas. Este mes se ha publicado un estudio sobre la percepción de intervalos musicales consonantes y disonantes en una población amazónica boliviana que no ha tenido ninguna influencia de la música occidental, los Tsimane (Chimane). Hay dos resultados principales. Primero, los Tsimane no tienen los mismos gustos musicales de las poblaciones occidentales o de las poblaciones bolivianas con influencias occidentales. El estudio ofrece una panorámica muy interesante sobre el tipo de acordes e intervalos que nos agradan y los que no, y desde luego a los Tsimane todo esto ni les va ni les viene. Es que (y aquí va el segundo punto) a los Tsimane les da igual. Consonante o disonante, no es que tengan otras preferencias, es que no las tienen. Les suena todo igual, ni bueno ni malo. Y aquí hay un tema cultural: la música tradicional Tsimane no tiene acordes (armonía), y solo se basa en sucesiones de notas (melodía). Desde luego esto no elimina la importancia de la biología en nuestras percepciones y en nuestros gustos musicales. Es probable que la biología (y los procesos evolutivos) de hecho moldeen nuestras capacidades y orienten nuestras elecciones hacia algunos patrones armónicos, rítmicos, y melódicos, en función de esquemas que juegan con la fisiología de nuestros sentidos, con los códigos de nuestras neuronas y con la matemática de las ondas sonoras. Pero las flautas Tsimane nos confirman un papel importante del entrenamiento sensorial y de la cultura: no somos programas cerrados, no somos seres aislados, somos y pensamos y sentimos como parte de nuestro ambiente, somos el resultado de una integración entre nuestra larga historia evolutiva y nuestra breve pero intensa historia personal.

***

Aquí el articulo original, un comentario en inglés en la revista Nature, y un comentario en español en Investigación y Ciencia. Y aquí el articulo del año pasado sobre música y ciencia.

Ojos que no ven …

agosto 10, 2015

El musico ciego (Claudio Bravo Camus)En “El País de los Ciegos” Herbert George Wells describe una población humana que se ha desarrollado desconociendo totalmente el sentido de la vista. Y en el país de los ciegos el tuerto (o, peor, él que tiene dos ojos) no es el rey, sino un pobre despistado y torpe que no consigue apañarse en un mundo hecho y pensado a medida de seres que no contemplan la visión entre sus sentidos, ni siquiera entre sus conceptos. En el país de los ciegos, quien tiene ojos es un discapacitado. Y en nuestro mundo, un mundo de primates que han invertido casi todas sus capacidades sensoriales en los ojos, los ciegos a menudo han sido músicos. En todas las épocas, en todas las culturas, se ha asociado el ciego a la figura del músico. Vagabundos que acompañan el bullicio de un mercado o sabios que entretienen las cortes y sus reales, los ciegos utilizan sus instrumentos como una puerta hacia nuestro mundo, una interfaz acústica que enlaza los que ven y los que oyen, los que piensan con los ojos y los que piensan con los oídos. A bote pronto parece el destino de una limitación: el ciego toca porque otra cosa no puede hacer. La neurociencia nos recuerda que no es así. El ciego ha dedicado todo aquel cerebro, que nosotros tenemos entregado a la visión, a otras capacidades, sobre todo a las acústicas y a las táctiles. No es solo una cuestión de percepción (sentir) sino también de cognición (pensar). El ciego tiene una cognición acústica y táctil que le permite construir su mundo en función de estímulos, relaciones, y procesos que nosotros seres visuales desconocemos. Sus redes neurales están entrenadas para entender y reconocer reglas acústicas y táctiles según niveles de complejidad que van mucho más allá de lo que podemos percibir los que razonamos con formas y colores. Además la visión, en los que desarrollan su relación con el mundo exterior a través de los ojos, no solo ocupa mucho espacio cerebral sino también oculta otras sensaciones, y reprime otras capacidades. Cerrar los ojos mientras se toca o ponerse unas gafas oscuras puede que no sea solamente un ejercicio de concentración, sino y sobre todo un intento de desinhibición de aquellas otras capacidades que no pasan por la retina. Sin ojos, cerebro y cuerpo invierten en manos y oídos, adaptación sensorial y cognitiva que funde individuo e instrumento en un mundo estructurado en emociones y vibraciones, incorporando orgánico e inorgánico en un verdadero proceso de simbiosis acústica.

***

Oliver Sacks habla mucho de las capacidades musicales de los ciegos en su libro “Musicofília”. Un caso bastante impresionante de capacidad musical de los ciegos que ha sido mencionado en este blog es el Koto japonés. A nivel cognitivo, todo esto es particularmente relevante si consideramos la capacidad de cerebro, cuerpo, y objetos, de integrarse en procesos conjuntos. Aquí un post más especifico sobre este tema: Digito ergo sum.

Musicántropos

julio 30, 2014

The prehistory of music Iain Morley es profesor de antropología y evolución humana en la Universidad de Oxford. Empezó con la psicología, luego vinieron la prehistoria y la arqueología,  y finalmente las neurociencias y la cognición. Ha llevado a cabo estudios sobre ritos y religión, participando en excavaciones clásicas y prehistóricas en África y en Europa, pero sobre todo se ocupa de un tema que nos obliga a entrevistarlo como invitado: la evolución de la música y su prehistoria. Aquí sus respuestas sobre las relaciones entre música y ciencia …

¿Por qué estás interesado en la música?

La música es uno de los pocos comportamientos llevado a cabo por cualquier población humana, en todas las partes del mundo, independientemente de las diferencias culturales. Otros comportamientos comunes tienen ventajas evidentes y claras bases biológicas. Pero la música se queda como algo de misterioso, y hay cuestiones muy importantes y apasionantes sobre música y evolución humana. ¿Por qué es una actividad universal? ¿Esto quiere decir que tiene también bases biológicas? ¿O que tiene una base evolutiva y ventajas para la selección natural? Y si es así, ¿por qué solo para los humanos? ¿Cuándo empezó todo? ¿Cómo está relacionada con nuestras capacidades para el lenguaje o la cultura? ¿O con el rito y la religión, que son otros comportamientos misteriosos y universales de nuestra especie? Me sorprendió descubrir que pocas personas habían intentado responder a estas preguntas. El estudio de la evolución humana se centra mucho en temas como la tecnología, la caza, o el lenguaje – pero ¿dónde estaba la música mientras tanto? Siempre me ha gustado la música, como a todos. Un hecho interesante es que hay muy pocas personas a quienes no les gusta la música. Yo he sido afortunado de haber sido criado en una familia donde la música era un estimulo continuo – los discos de mis padres, luego los míos, los conciertos. Mis padres nos animaban a aprender instrumentos, y tocábamos (no siempre agradeciéndolo, aunque ¡ahora lo valoro!) en la escuela y en pequeños grupos. Siempre ha sido un hobby, no soy un profesional. Pero esto es lo mismo para mucho de nosotros, y para las demás sociedades humanas que encontramos en el mundo. Independientemente de si hemos recibido o no una formación musical, o participamos en eventos musicales, tenemos todos los días experiencias con la música. La música la puede hacer cualquiera y la experiencia musical, de una manera u otra, la hacen todos. Millones de personas en el mundo, la mayor parte de ellos sin formación específica, participan en festivales, conciertos, o actividades musicales. En muchas sociedades tradicionales no existe la diferencia entre “músicos” y “no-músicos” – todos somos músicos. Aunque una educación musical puede formar y desarrollar específicas capacidades musicales o instrumentales, todos podemos crear o vivir la experiencia de la música. Me gustaría saber el porqué.

Iain Morley

¿Qué puede aprender la música de la ciencia?

Diferentes disciplinas miran a las cosas de forma diferente. A menudo hablan de lo mismo, pero a causa de un lenguaje diferente y de aproximaciones diferentes se pierde en un sector mucha información que puede ser importante para otro campo. Es así en cada estudio multidisciplinar, no solo en música y ciencia. Las evidencias que proceden de una disciplina pueden ayudarnos a entender las evidencias de otra, siempre y cuando sepamos que es lo que estamos comparando. A menudo la dificultad está en la escala de referencia, sobre todo si comparamos “artes” y “ciencias”. Quién está interesado en comportamientos complejos, como la música, es reacio a la idea de intentar descomponer aquellos hermosos y complejos comportamientos para entender sus componentes pieza por pieza. ¿Dónde está el comportamiento hermoso y complejo si estudias señales acústicas y latidos? ¿Cómo podemos llegar a explicar un fenómeno cultural tan grande pegando estos trocitos que estudiamos científicamente? Los científicos, por otro lado, que quieren entender las partes individuales del puzle, a menudo son escépticos hacia el lenguaje emocional, subjetivo, y descriptivo utilizado por quien está interesado en el fenómeno cultural. ¿Cómo podemos entender el fenómeno, cómo se ha generado, de dónde viene, y entender sus bases biológicas, si solo tenemos “opiniones” y “sensaciones”? Pero en realidad ambas maneras de aproximarse al problema son importantes. Nos hablan de diferentes niveles de experiencia, y hay formas de rellenar el espacio entre ellas. Pues, una cosa que espero que la música pueda aprender de la ciencia es que intentar explicar cómo vivimos sus componentes, cómo se manifiestan estas habilidades, cómo se relacionan con las habilidades de los otros animales, no quiere decir  que estemos reduciendo lo hermosa y compleja que es la música solamente a estas cosas. Todo esto nos ayuda a entender cómo y porqué funciona este escenario cuando luego lo vemos todo a la vez.

¿Qué puede aprender la ciencia de la música?

Hay que recordar que tenemos la responsabilidad de tomar todas estas piezas, volver atrás y ponerlas todas juntas otra vez. La música, como comportamiento cultural completo, nos recuerda que no estamos solo fijándonos en procesamiento de latidos o percepción de tono – tenemos que entender cómo todas estas partes trabajan juntas, cómo se influyen, y cómo y porqué los humanos en nuestras culturas somos capaces de hacer tantas cosas con estas piezas. A menudo los estudios científicos se fijan en pequeños componentes de la música en condiciones aisladas de laboratorio. A menudo es necesario – no podemos entender los procesos que ocurren sin controlar otros procesos – pero es también importante recordar que la gente no vive la experiencia de la música de esta forma. Tenemos también que fijarnos en cómo la música se produce y se percibe, y sus efectos cuando se practica en su conjunto. No es lo mismo cuando el estímulo musical tiene su efecto en una persona aislada en un escáner para estudios funcionales del cerebro, por ejemplo, aunque esto pueda proporcionar descubrimientos importantes. Entonces una cosa que yo espero que la ciencia pueda aprender de la música es que tenemos que considerar como la experiencia musical es efectivamente vivida en su conjunto, en un contexto cultural, de colaboración y de participación, además de cómo sus partes han sido procesadas. El total es más grande que la suma de sus partes, y esto también nos puede decir muchas cosas fundamentales sobre el porqué la música es importante para nosotros humanos, y porqué se practica en todo el mundo.

***

Iain Morley ha publicado un libro dedicado a la Prehistoria de la Música, y un largo artículo de revisión sobre música, neurociencia y evolución humana, que he tenido el honor de editar para el Journal of Anthropological Sciences:

A multi-disciplinary approach to the origins of music: perspectives from anthropology, archaeology, cognition and behavior

El artículo (en inglés) se descarga gratis aquí.

Neuronotas

septiembre 23, 2013

Brainotes (EBruner)El blog Brain Pickings propone siete libros sobre música, emoción, y cerebro.  Desde luego el tema es de lo más fascinante, no cabe duda. La música es un reto bien conocido por la neurociencia, una verdadera puerta hacia la cognición. Es la actividad cultural que más se conoce por sus efectos, físicos y fisiológicos, sobre el cerebro. Hoy en día se reconoce que si el cerebro cabe en su caja de 1500 centímetros cúbicos, la mente no. La mente se genera cuando el cerebro se conecta al ambiente, a sus objetos, a sus procesos. Desde siempre se ha evidenciado como el ambiente influye en las funciones y hasta en la anatomía del cerebro, pero ahora se está haciendo un paso más, planteando que el ambiente sea parte de la mente misma. Es el concepto de “mente extendida“. Cerebro y cultura son parte de un proceso de “autocatálisis”: el cerebro moldea la cultura, la cultura moldea el cerebro, y empieza así un proceso donde estos dos componentes inducen cambios continuos el uno en el otro. Como se ha dicho, el proceso que quizás más se conoce por sus efectos directos en las funciones y en la anatomía cerebral es la música. Cuando se quiere evaluar como las influencias culturales pueden cambiar nuestras redes de neuronas, la música siempre es un ejemplo fuerte y completo, por sus efectos patentes y rápidos. Así que muchas veces “los músicos” hacen de ratones en las publicaciones científicas, como grupo de comparación (músicos vs no-músicos) o como conejitos de india (se evalúan las diferencias antes y después de un entrenamiento musical). Hay que añadir otro factor muy particular: la música necesita tanto los recursos racionales y lógicos como los recursos emocionales y psicológicos, integrando los dos reinos de la mente humana. Ahora, queda una duda: si para el neurocientífico la música es desde luego una gran oportunidad experimental, en cambio al músico … le compensa saber como funciona la caja mágica? Si por un lado una visión neurocientífica puede aportar al músico informaciones útiles para entender y controlar la expresión de su música (es decir, evolucionar su lado racional), al mismo tiempo puede llegar a chocar contra la espontaneidad de su arte (es decir, desnaturalizar su lado emocional). Ya sabemos como el sol puede dar luz y calor a nuestros cuerpos, pero puede quemar las alas que nos hacen volar alto, y caer muy lejos.

A dos manos

abril 16, 2013

Eric Kim - Guitar Hands

Nuestro cuerpo es asimétrico, nuestro cerebro es asimétrico, nuestra percepción del mundo es asimétrica. Los hemisferios cerebrales se han dividido el trabajo, y han organizado manos y sentidos de acuerdo con ésta decisión. Hay asimetrías anatómicas, que no necesariamente están relacionadas con las asimetrías cerebrales, sino con variaciones casuales. Al momento de tocar instrumentos de viento, por ejemplo, pequeñas asimetrías en los labios, en los músculos de la cara, o en la forma de la nariz pueden orientar, facilitar, u obstaculizar elecciones en la posición del instrumento y otros factores asociados a la manera de tocarlo. Pero las asimetrías cerebrales son más fuertes, y sobre todo son comunes a toda la población. Bien lo saben los zurdos, que  a menudo tienen que adecuarse a instrumentos pensados por y para diestros. La mano derecha generalmente es la del trabajo fino, la izquierda la del trabajo fuerte. A pesar de cuanto son diferentes las flautas del mundo y las posiciones para tocarlas, la mano izquierda es la que se suele quedar próxima a la cara, la derecha la más lejana. En los pianistas la izquierda crea las bases rítmica y armónicas con sus bajos, la derecha adorna y busca matices con las notas más agudas. Hasta las percusiones tienen una orientación que hay que cuidar a la hora de posicionarse frente a ellas. Las guitarras son un caso muy interesante: la mano fina (la derecha) hace el trabajo pesado, y la mano fuerte (la izquierda) hace el trabajo fino. Cuando las manos tocan un instrumento, éste se conecta directamente al cerebro, volviéndose una extensión de la mente. Las asimetrías cerebrales son algo que se empieza a conocer solo ahora, pero los instrumentos musicales, en su larga historia y evolución, ya las iban incorporando en sus estructura íntima, adaptándose sin saberlo a nuestro sistema nervioso central.

Alma y cuerpo

enero 26, 2013

One-man-bandPensamos sobre todo con nuestro cerebro, no cabe duda. Pero no imaginamos cuanto puede aprender un cuerpo. Manos, dedos, piernas, graban informaciones y las asimilan cuando ejecutan una acción o cuando (y ésto quizás es lo más interesante para un músico) se conectan con un objeto, transformando el objeto mismo en parte de una mente. Cuantas veces un ejercicio o un tema que a la noche no había forma de sacar, la mañana siguiente sale de los dedos sin aparentemente todo aquel esfuerzo de unas pocas horas antes. El cuerpo, en su sueño, seguía aprendiendo, pasando información al cerebro, entrenando músculos y neuronas. Hay neuronas que, cuando miramos a alguien haciendo algo, simulan la misma acción en nuestro sistema nervioso, sin dejar que la ejecución llegue a los músculos. Son las neuronas espejo. Y una de las más fantásticas y novedosas teorías de la cognición opina que los objetos no son ajenos a nuestra mente, sino parte de ella, aumentando memorias, activando circuitos, y mejorando prestaciones. Es la teoría de la mente extendida. El cuerpo aprende, almacena, y ensaya silencioso. Mientras que el cerebro intenta razonarlo todo, el cuerpo sigue un misterioso aprendizaje hecho de células que se organizan. Practicar miles de veces no sirve solo para entender, sino también a moldear células, en el baile, en la música, y evidentemente en cualquier otro contexto cultural. Una practica y un aprendizaje que no pasan solo a través del contacto, sino también a través de los ojos. Y si observar lo bueno entrena y ensaya nuestro cuerpo más de lo que podemos pensar, ni qué decir tiene que cuando se trata de lo malo sería mejor mirar para otro lado.