Des-conectados

enero 7, 2019

Después del lenguaje y de la escritura, es posible que internet haya representado nuestra mayor evolución cognitiva. Siempre hemos pensado que el lenguaje es la forma en que expresamos nuestro pensamiento, pero en realidad cabe la posibilidad de que sea, al revés, el proceso mismo con que forjamos nuestro pensamiento. Y sobre la escritura (textos pero también imágenes) siempre hemos pensado que es el soporte donde volcamos nuestras memorias, pero en realidad es el archivo que sostiene nuestros recuerdos. Fotos y libros son nuestra “memoria externa”, y sin ellos nuestros recuerdos y conocimientos son pobres y, sobre todo, insuficientes para sujetar nuestros niveles culturales y cognitivos. En este sentido, lenguaje y escritura no son el resultado de nuestra mente, sino elementos de sus propios mecanismos. Así que pensamos como pensamos gracias al lenguaje y gracias a la escritura. Y ahora también gracias a internet, vinculo etéreo entre todas las cabezas del mundo, que genera este super-cerebro que llamamos “la Red”. Ya lo decía Santiago Ramón y Cajal que las cabezas humanas son como las palmeras del desierto: se fecundan a distancia.

Internet ha revolucionado nuestra forma de pensar, de razonar, de saber y de conocer, en todos sus aspectos, incluso, por supuesto, en la música. Antes era un reto y todo un logro poder conseguir una cinta musical o un disco, y ahora en el móvil integrado en nuestro bolsillo tenemos toda la musica del mundo. Somos una gran comunidad, y muchos comparten sus saberes, contagiando exponencialmente a otras cientos, miles o millones de personas con informaciones, ideas y conocimientos. Probablemente la mayoría de los usuarios de la red van arrastras, aprovechando de la aportación pero sin aportar ellos mismos a este sistema. Pero los que somos parte activa del super-cerebro, en el bien y en el mal, somos muchos, muchísimos, y la posibilidad de estar todos conectados independientemente del tiempo y del espacio lo ha cambiado todo. Y los cambios siempre conllevan ventajas y desventajas, ajustes, sorpresas, y consecuencias. Entre las muchas, probablemente hay una que, a bote pronto, se percibe solo dentro del mundillo de la enseñanza musical: una importante caída de la enseñanza tradicional. Profesores de música, escuelas y academias, tal vez pueden aprovechar de cierta popularización de la música debida al hecho de que, con internet, todos pueden descubrir pasiones nuevas y toda clase de inquietudes. Tampoco sabemos hasta que punto esto, a cuentas hechas, es una ventaja, porque sabemos de sobra que la cantidad no suele acompañarse con la calidad. Pero al mismo tiempo las instituciones musicales también sufren cierto abandono debido a que muchas informaciones ya están disponibles en la red, entre paginas web, tutoriales, partituras y material de todo tipo. Desde luego la tradicional y la digital son dos formas de enseñanzas diferentes, con ventajas y desventajas distintas, y probablemente compatibles y complementarias, pero la red es mucho más barata y rápida, y esto pesa mucho en la aguja de la báscula.

Pero hay también un segundo efecto, muy interesante a nivel social. Antes, para tocar o aprender música, era casi obligatorio y necesario juntarse, unirse con más gente, para intercambiar informaciones, aprender, ensayar y tocar instrumentos. Ahora una parte importante de todo esto se puede hacer en casa, solos, conectándose virtualmente con el mundo entero. Es decir, como ha pasado en muchos otros casos, las redes “sociales” están, aparente y paradójicamente, aislando los individuos, y mermando sus relaciones sociales reales. O quizás solo están cambiando el concepto de relación social, menos físico y más virtual. A bote pronto, todo un peligro, y una perdida. Por el momento, nos quedamos a la espera de ver que pasa.

Sea como sea, hoy en día se aprende música más en solitario, cada uno en su casa, y se toca música más en solitario, cada uno en su casa. Y entre ventajas y riesgos de todo esto hay un problema objetivo: los profesionales, para ser profesionales, necesitan un salario. Sin un nicho económico no hay profesión, sin profesión no hay profesionales. Y como nos enseña la evolución, si cambia el medio ambiente hay que cambiar el nicho que uno habita: es cuestión de adaptarse, o de extinguirse.

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Este post nace a raíz de una charla de café con Giovanni Palombo, un increible guitarrista, y un excelente maestro.

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Paris 2014 (EBruner)La ciencia es un capricho obsesivo de la curiosidad. El duende del conocimiento calienta y hasta quema al que lo tiene dentro, pero para otros solo suena a superflua dedicación hacia innecesarias inquietudes. Como la música. En cuanto los europeos empezaron a vagabundear por todo el planeta descubriendo tierras lejanas y culturas ajenas la curiosidad rellenó sus baúles y sus salones en forma de plantas exóticas, animales desconocidos, rocas peculiares, o utensilios extravagantes. Algunos para sorprender, otros para fardar, o por el fervor del conocer, quienes tenían recursos se llevaron a casa toda clase de rarezas y singularidades, amontonando estos objetos extraordinarios en sus cuartos de maravillas llamados, con su incisiva fonética alemana, wunderkammern. Cuando la cosa se les escapó de las manos los llamaron museos. La curiosidad es un factor intrínseco de la naturaleza humana, aunque con diferentes medidas, patrones, y grados. Sabemos que suele asociarse más bien a nuestras edades juveniles, apagándose con los años. También sabemos que afecta de forma distinta a distintas personas, desde los que se inmolan por ella hasta los que pasan olímpicamente de cualquier estímulo. Sin contar que alcanza objetivos de diferentes escalas, que van desde la estructura del universo hasta la vida privada del vecino. Esta diversidad lleva evidentemente a entender e interpretar sus consecuencias, inclusa la ciencia, de forma muy distinta …

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Este articulo ha sido integrado en enero 2016 con una entrevista en la trasmisión “Principio de Incertidumbre”, Canal Extremadura, donde se ha hablado de la relación entre música, evolución y neurociencia. Clica aquí para escuchar la entrevista.