Quejas de bandoneón

enero 11, 2017

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Los demás te dirán siempre que van a una milonga para bailar tango. Los más sinceros te dirán que van a una milonga por su valor social, ver gente, estar con gente, conocer a gente. Quien para el baile, quien para compartir una cerveza, pero es curioso como, para algo tan anclado y tan determinado por un característico componente musical, nadie te dirá nunca que va a una milonga para escuchar tango. El repertorio musical de las milongas suele ser relativamente limitado: muchos agradecen bailar siempre lo mismo, lo bien conocido, y de aquí un mercado de profesionales “dj” de tendencia que se hacen pagar un buen caché para poner los temas de siempre. Este repertorio poco variado desde luego no promociona la milonga como lugar “para escuchar” tango, pero aunque limite el abanico de propuestas deja de todas formas espacio para una amable velada musical. Es casi imposible escuchar tango en un bar o en un local que no sea una milonga, con lo cual resultaría extremadamente placentero, para los que se emocionan al dos por cuatro, sentarse a tomar una copa mientras suena una “Bahía Blanca” o un “Vuelvo al Sur”. Valor añadido, las parejas que bailan en la pista, y que completan el panorama con una adecuada recompensa también para los ojos. Pero no, las milongas son para bailar, y para socializar. La opción “disfrutar de la música” no se suele contemplar, por lo menos entre los cánones del mercado. Y entre los que charlan y los que bailan, si te quedas un momento abandonado al masaje emocional del tango, arrullándote entre las corcheas del bandoneón, en cuanto se enteran que no estás ni en plan bailongo ni tertuliano, te preguntan preocupados “¿qué te pasa?”

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El fantasma de Gardel

noviembre 10, 2013

La muerte de GardelLos orígenes del tango ya se remontan a hace un siglo, los tiempos cambian, y la historia moldea íconos y recuerdos. Las milongas a veces parecen burbujas del tiempo, donde se reviven modelos y estereotipos de un mundo que, fuera de sus puertas, ya no está. Esto por un lado crea una situación irreal, por el otro aleja a todos los que buscan vivir un tango según perspectivas más presentes y modernas. El tango no es un baile, es una cultura. Y las culturas evolucionan. Tienen que hacerlo, de otra forma se extinguen. Sin embargo, el mundillo del tango a menudo presenta una alternativa estática y anacrónica, donde pequeñas élites elegidas por si mismas se autocelebran guardianes de mitos que saben más a culto que a cultura. Se confunde el valor de la tradición y de las raíces con la importancia de la actualidad. Los que nos dicen que el único y verdadero tango es el tango de los inolvidables años cuarenta, tendrían que ir por ahí con una maleta de cartón y una navaja en el bolsillo, para cumplir coherentemente con este afán de representar un tiempo que no han ni siquiera llegado a conocer. Confunden la melancolía del tango con la nostalgia de un pasado que ni siquiera han llegado a vivir.  Congelar un proceso cultural en una etapa que ha pasado desde más de medio siglo para luego poder vivir de iconos quiere decir destinar aquella cultura al olvido. Hacerlo desde un podio postizo pintado de soberbia, sin reconocer con humildad la dignidad de las alternativas y de las diferentes necesidades, es encima egoísta y poco respetuoso. Si Gardel hoy en día estuviese vivo, pues … tendría más de 120 años, lo cual haría de él un caso por lo menos curioso. Pero se murió en un accidente de avión en los años treinta. Desde entonces han ocurrido muchas cosas, y el mundo mucho ha cambiado. Dejamos que su espíritu descanse en paz, mientras que nosotros llevamos adelante algo que, por aquel entonces, sólo acababa de empezar.

La otra cara del espejo

marzo 22, 2012

Bailar quiere decir, antes de todo, escuchar. Pero a veces solo se oye, sin más. Parece increíble, pero a pesar de la emoción que un tango puede entregar en una sala, a veces la barrera entre quien baila y la música puede ser total. Dejando de lado los casos que ni siquiera oyen ritmo o melodía, pero también los muchos que se abandonan a las notas lo hacen a menudo de forma tan espontanea que sencillamente no necesitan enterarse. Y a pesar de que el tango vive rotundamente de la elaboración continua y constante de temas que dentro de pocas décadas empezarán a cumplir un siglo, parece que el sentimiento de baile no necesita  informaciones sobre mensajes, contenidos, e historia, de aquellas músicas. En las milongas, sobre todo a nivel de aficionados, hay muchos que bailan por años los mismos temas, decenas y decenas de veces, totalmente ignorando el titulo, el autor, o hasta las letras de aquella melodías. Sería para contar, pero creo que los “muchos” sean realmente muchísimos. Sencillamente, no necesitan el contenido, el recorrido, sino solo la secuencia melódica y armónica. La mente no busca razones, y la memoria no fija los detalles. Se reconoce el tema, bailado tantas veces, y amado, y vivido, y sufrido, pero sin saber necesariamente su titulo o su mensaje. Por un lado es una clara evidencia del poder emocional del tango, que entra en los huesos sin pasar por el cerebro. Pero al mismo tiempo, con todo el entorno cultural del tango, su historia, su arte, y su poesía, puede sonar a lastima, ocasión perdida, disfrute de su piel, sin entrar en el latido de su corazón.

Hoy en día la música en una milonga se forja gracias a la versatilidad de los programas de gestión de archivos musicales, y las redes de intercambio de información, a pesar de las dificultades encontradas en las incompatibilidades entre cultura y economía, han ampliado posibilidades y potencialidades de la comunicación musical. A menudo en las milongas se utilizan pantallas para musicalizar, utilizando listas de reproducción o hasta proyectando vídeos. Quizás éste cambio de herramientas, que a la música añade una componente visual, puede ser una posibilidad de relajar un poco la barrera entre música y baile, utilizando las pantallas, grandes y pequeñas, para proporcionar las informaciones sobre los temas que se bailan. Un titulo, un autor, quizás una fecha, lo suficiente para empezar a saber, y para encontrar la forma de querer saber más. El tango no es una música bonita, sino una historia, una cultura, una forma de vida, una perspectiva. Bien te puede emocionar solo con sus suspiros, pero mucho más puede con su alma.