Músico ergo sum

agosto 21, 2013

SarasvatiHay por lo menos tres niveles (o filtros) de los que depende nuestra percepción de la música, como instrumentistas o como oyentes. El primero es la cultura, que nos entrega los “receptores” para poder “sentir” lo que está detrás de un conjunto armónico, melódico, o rítmico. La cultura forja lentamente nuestras capacidades, moldea nuestros “decodificadores”, orienta nuestra sensibilidad hacía una dirección. El segundo es el factor psicológico, un conjunto de expectaciones y esperanzas que intenta proyectar en lo que oímos o en lo que tocamos nuestro carácter y nuestras necesidades. El tercero es el conocimiento, la técnica, la información que tenemos (o que no tenemos) para entender, para poder analizar lo que estamos escuchando o ejecutando. Es un nivel intelectual, y de estudio. Está claro que los tres niveles se mezclan y se influyen el uno con el otro, a veces integrándose y a veces al revés chocando, por necesidades diferentes u objetivos diferentes, en función de los caprichos de las “musas“. Está claro que los tres componentes pueden seguir caminos separados, llevando los músicos a combinaciones distintas de estos tres factores. Habrá por ejemplo músicos con una actitud innata a ciertos contextos musicales porque nacidos y criados en cierta cultura, pero sin formación técnica alguna. Y habrá músicos con gran formación de estudio en un campo, pero al mismo tiempo ajenos a aquella cultura. Habrá músicos con grandes recursos culturales y técnicos pero con vínculos asociados a sus expectaciones psicológicas, y músicos con limitado recorrido pero sustentados por una fuerte actitud caracterial. Estos tres factores se mezclan, interaccionan, se funden y se chocan, moldeando nuestra capacidad de percepción y de ejecución musical. Por un lado tenemos que dejar que éste proceso siga adelante, fluyendo, buscando nuestra propia senda de expresión artística y cultural. Al mismo tiempo, cuando sea posible (y necesario) tenemos que ajustar de vez en cuando el camino, para orientar el proceso y evitar entrar en senderos sin salidas. Esto sí, siempre recordando que el fin no es la meta, sino disfrutar del mismo recorrido.

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Aquí podéis encontrar un esquema que integra filtros y objetivos de la música. Os invito a intentar “clasificar” a vosotros mismos, pensando en cual puede ser la combinación de factores que os caracteriza como músicos. Este post nace de una charla con Ernesto, y va dedicado a él, que quizás tarde o temprano se anima y se pone en serio con su cajón peruano, a darle caña como se merece …

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