Tu blanco bandoneón

marzo 7, 2011

El tango necesita el ritmo del cuerpo, pero también la melodía del alma. El tango necesita una voz rota y quebrada como una roca, pero al mismo tiempo cálida como un abrazo. El tango necesita una arquitectura musical firme, sutil, y finamente equilibrada, pero también el tango necesita un bandoneón sincero, y orgulloso de llorar. Difícil juntar todo ésto en una orquesta, casi imposible en una sola persona. A no ser que el bandoneón sea blanco.  Hace menos de un año moría Rubén Juárez, cantante de tango, compositor de tango, y bandoneonísta blanco. Natural de Ballesteros, en Córdoba, se muere en Buenos Aires, a sus 62 primaveras. Estudios de bandoneón y guitarra, su vida se cruza con la de Lucio Demare, con Aníbal Troilo, y con el ambiente del tango porteño desde los setenta hasta hace un rato.  Rubén Juárez, voz, bandoneón, y director de sus propios tangos. Son tangos sin ninguna duda anclados y estructurados en la tradición, pero con una energía renovada, fresca, cuentos del presente, que respiran y tienen el latido del presente. Hay tangos de la tradición porteña que han perdido para muchos de nosotros su brillo, o por lo menos parte de su magia, porque los tiempos son los tiempos, y han pasado, y nuestra vida actual ya no vibra a la misma frecuencia de entonces. En cambio muchos tangos de Rubén Juárez, aunque perfectamente dentro de la tradición, tienen una chispa viva, una llama que quema y se menea al ritmo del dos por cuatro, llevándote, y haciéndote sentir participe hoy de un sentimiento de ayer. Las milongas a menudo lentas e imparables, con acentos sutiles y precisos, que tardan pero al final llegan, dejándote la posibilidad de disfrutar cada corchea. Y en todo esto de vez en cuando aparece un algo, un acorde o una intención, que acerca el tango al folclore argentino, recordándonos los enlaces, las raíces, y la historia de la cultura rioplatense. Entre las necesidades a veces poco compatibles de reafirmar la tradición pero actualizar el contenido, Rubén Juárez a menudo ha propuesto una síntesis, o por lo menos un acuerdo increíblemente satisfactorio para ambas partes. Jorge Rubén Juárez, que con su blanco bandoneón condena al Polaco Goyeneche a lastimar su pena, y que con sus tangos nos ha ofrecido la posibilidad de entender cómo pasado y presente pueden convivir e integrarse, solo hace falta saberlo sentir, y luego saber contarlo.