Yōkoso

noviembre 27, 2012

Con cierta satisfacción por fin doy la bienvenida a un miembro más de la familia: al lado de quenas sudamericanas y bansuris indios, llega a mi equipo de instrumentos de viento un shakuhachi japonés. Viene desde Mejiro, en Tokio, una tiendecilla anónima de pocos metros que esconde raíces largas como siglos, núcleo de tradición de músicos y de lutieres, referencia internacional de una cultura tan antigua como aislada, y hoy en día peligrosamente cercana al olvido. La megalópolis ha digerido el pasado encajonándolo a veces sin mucha coherencia con un presente diferente, ajeno, e híbrido. En Tokio, donde los asombrosos rascacielos quedan protegidos por una infinita barrera de casuchas amontonadas en un perfecto orden caótico, lindo y aturrullado, y una impenetrable telaraña de cables eléctricos envuelve una vida frenética de neones y grandes almacenes, la cultura es pop, y la música tradicional son los Beatles. El tokiota promedio nunca ha escuchado un concierto de shakuhachi, y la palabra hoy en día se asocia sobre todo a alusiones sexuales que muy poco tienen a que ver con el canto del viento. Instrumento con una historia evolutiva bastante compleja, entre monjes vagabundos, sectas religiosas, samuráis sin espadas, y rituales milenarios, tiene hoy más y más perspectivas en los Países occidentales, entre quien valora la potencialidad de sus colores musicales y quien se pierde en sus capacidades psicológicas y meditativas. En esta búsqueda de mezcla y de contaminación, nosotros los europeos creo que hemos ido ganando, recibiendo más calidad y valores de los que hemos exportado. En estos años el baricentro cultural del shakuhachi ha estado en Colorado, y desde ahora éste instrumento también ha echado una semilla más: en Burgos.

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Quenología

noviembre 11, 2012

Los instrumentos más antiguos hallados hasta ahora son huesos largos de aves con una escotadura en un extremo y unos agujeros en línea: quenas. Hablamos de treinta y cinco mil años. Y bien lejos de los Andes: Alemania. Por lo menos a los nueve mil años ya están en China. Esto ya daría para mucho hablar sobre la relación entre la cultura humana, la música, y la quena, con el cóndor que va pasando junto al hombre desde sus primeros pasos de enlace entre naturaleza y arte. Pero lo dejamos para otra vez, y vamos ahora al tema geográfico. Pues con estas fechas y con estas geografías, podemos suponer que las quenas estaban entonces por todos lados. Hoy en día en cambio hay solo dos culturas musicalmente centradas en instrumentos parecidos: Sudamérica (quena) y Japón (shakuhachi). Esto se puede explicar por lo menos con tres procesos diferentes: A) quena y  shakuhachi son “residuos” de una distribución mucho más amplia que se ha ido reduciendo; B)  quena y  shakuhachi han sido “reinventados” independientemente y no tienen nada que ver con aquellos instrumentos del Pleistoceno Superior; C) que sea residuo o reinvento, solo se ha afirmado en una de las dos áreas, que luego se lo ha pasado a la otra. Ahora hay que recordar que el poblamiento de América (alrededor de hace diez mil años) ha sido efectuado por pueblos asiáticos, probablemente por el Estrecho de Bering, o hasta por rutas más sureñas. Y también hay que notar que, por las mismas razones, las poblaciones sudamericanas y asiáticas comparten muchos rasgos faciales, lo cual quizás añade también cierta influencia anatómica a las elecciones musicales. Sea lo que sea, si tenemos en cuenta la proximidad geográfica y las relaciones antropológicas, los paralelismos entre quena y shakuhachi no tienen pinta de ser fruto de pura casualidad.