Otrotango

diciembre 4, 2010

Creo que raramente se puede encontrar como en el tango una disociación tan llamativa entre un estilo musical y su mismo baile. Quizás sea por su fuerte carácter en ambas partes, que de alguna forma aísla músicos y bailarines a través de necesidades diferentes, vínculos diferentes, y  hasta lenguajes diferentes. Ya se sabe, quien toca no baila, en general. Y porqué? El tango-música evoluciona bastante rápido, aunque sus instrumentistas puedan ser tal vez un pelín elitistas. Por lo menos es suficientemente abierto al experimento, en busca de caminos de expresión. El tango-baile evoluciona más lento, largos periodos estáticos, resistencia y sobre todo desconfianza hacia el cambio, anclado al pasado y sobre todo siempre nostálgico de aquél pasado. En la música éste pasado es orgullo de las fuertes raíces para seguir adelante, en el baile es constante referencia para poder volver atrás, aunque sea solo con el recuerdo. Con todas las excepciones, sobre todo a ciertos niveles profesionales. Seguro hay una componente generacional: muchos músicos son jóvenes, mientras que en las milongas populares la pirámide demográfica tiene evidentemente otra estructura. Hay también una componente diferente de preparación profesional: el nivel para subir al escenario se alcanza solo a través de un largo y difícil recorrido de estudio, mientras que para bailar en una milonga es suficiente una inversión mínima. Esto genera una separación cultural muy fuerte entre pocos profesionales que dedican al tango su vida (sobre todo músicos, de carrera) y una multitud inmensa de apasionados admiradores que solo piden pasar un buen rato (sobre todo bailarines, aficionados). Por supuesto, siendo los primeros muchos menos que los segundos, y siendo los segundos los que pagan a los primeros, el proceso de evolución del tango evidentemente sufre una esquizofrenia entre esperanza (artística) por el nuevo y necesidad (comercial) hacia el viejo. Las palabras del tango dicen mucho sobre esta confusión histórica entre orgullo del pasado y reticencia hacia el futuro: la “guardia nueva” es algo que se desarrolló entre el 1920 y el 1940, la máxima anomalía fue Piazzolla en los sesenta, y lo que se llama “tango nuevo” seria el tango con instrumentos electrónicos introducidos en los años ochenta del siglo pasado! Vaya ambiente anacrónico … De hecho, las musicalizaciones en las milongas siguen patrones bastante estables desde sus principios, los temas “fuera de esquema” hay que presentarlos con cuidado y a gotas, y los muchos y continuos debates sobre la necesidad de apoyar el tango “nuevo” para espabilar un poco el ambiente y “quitar caspa” acaban a menudo solo con una tímida tanda arrinconada al final de la milonga, justo antes de cumplir con el ceremonial atávico de la Cumparsita final. Está claro que las alternativas las hay, desde las más sensatas hasta las más provocadoras e inútilmente extremas. Pero el tema de la multitud pagadora que transforma arte en entretenimiento queda ahí, caracterizando el tango en un sentido o, en un futuro quizás rentable, en otros más interesantes para un recorrido de evolución artística más actual.

 

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